Prosa aprisa.
Arturo Reyes Isidoro.
La fotografía circuló en forma masiva a través de las redes sociales la mañana del
miércoles.
Muestra a la candidata de Morena a la gubernatura, Rocío Nahle, sentada a la
mesa del café, con su amiga Nena de la Reguera.
Sus malquerientes aprovecharon para criticarla con comentarios hirientes respecto
a su popularidad siendo quien es.
Se prestaba para hacerlo y no se entiende cómo es posible que no se dé cuenta
del riesgo de que suceda y se exponga en público.
Cada vez más me convenzo de que seguramente sabe de energía y de cómo
construir una refinería, o al menos cómo intentar construirla, pero que no tiene
oficio político ni experiencia política.
No los tiene, a lo que aúna su desconocimiento, por su origen, de la idiosincrasia
del veracruzano, su modo de ser, la del jarocho en especial, que no perdona si
puede hacer cera y pabilo de alguien.
Seguramente ignora que en Veracruz, de siempre, hay un dicho que dice que la
política es un deporte y que la gente no solo lo práctica sino que lo disfruta.
Ergo, el veracruzano es político por naturaleza; cuando nace ya trae el instinto, que
lo ayudará a practicar ese quehacer, con toda naturalidad, a entenderlo, incluso, si
le es posible, a vivir de él.
En Veracruz todavía es posible hablar de zoon politikón, animal político, porque
todavía hay ejemplares vivientes como Miguel Ángel Yunes Linares, por ejemplo,
pero que los tuvo por excelencia, como don Jesús Reyes Heroles.
Y con ese instinto y con ese olfato sabe distinguir muy bien cuando está ante un
ejemplar de su especie o alguien que no lo es, y le toma la medida.
Cuando está en plena guerra política, en medio de un proceso definitorio con una
meta tan alta como alcanzar la gubernatura, ella no puede mostrar sus carencias.
Y eso fue lo que hizo precisamente cuando se dejó ver sola, y fotografiar,
únicamente acompañada por una amiga, no exitosa en la política porque fracasó la
única vez que incursionó cuando quiso ser alcaldesa de Boca del Río en 2021.
La política tiene sus pequeños grandes detalles, como, por ejemplo, que cuando
aspiras a ganar una posición de gran envergadura, debes dejarte ver, pero con
ganadores.
Nena de la Reguera, qué duda cabe, es todo un personaje de la zona conurbada,
una verdadera influencer, simpática, no me cabe duda, de ninguna manera una
mala compañía, pero que la ayuda a proyectar otra imagen, no la mejor en este
momento para lo que pretende.
¿O es que aparte de ella, no tiene otra amiga en el puerto, en Boca del Río, otras
amigas ad hoc, conocidas de otro nivel que la ayuden a atraerle, a sumarle votos,
porque eso es lo que necesita ahora?
¿Entenderá, como decía el filósofo español Ortega y Gasset, que ahora, más que
nunca, es ella y su circunstancia, que aparte de Rocío Nahle la persona, es
también Morena, su candidatura, incluso su padrino López Obrador, y que a donde
vaya o en donde se presente simboliza todo eso?
Y ayer lo que mostró, y se lo señalaron y se lo criticaron en las redes sociales, es
que como candidata a la gubernatura está sola, lo que, entre otras cosas, deja
serias dudas, para quienes todavía le creen, de que, como afirma, lleva 30 puntos
de ventaja a Pepe.
La foto es elocuente. Ella y Nena, Nena y ella, y nadie más. Prácticamente sola,
muy mala señal para quien, se supone, debiera ser una figura popular y hasta
populachera.
En las redes sus críticos se solazaron haciendo ver que nadie se le acercó, ni los
meseros, que ninguna pequeña multitud rodeó su mesa, que nadie se quiso tomar
una fotografía con ella. Y la gráfica no deja dudas. A la derecha de la foto se ven
unos parroquianos tan indiferentes como cuando tienes al lado al miembro de la
familia que más aborreces.
Esa imagen simple y sencillamente no corresponde a la de una candidata popular
y ganadora, además la del partido en el poder, con el ingrediente de que por ese
café, o por los de esa cadena, han pasado candidatos al mismo cargo, aunque eso
sí veracruzanos, que de tan populares han alterado la vida del lugar, con quienes
se les puede comparar, pero no hay punto de comparación.
Quienes conocen el puerto, la zona conurbada, sus cafés, saben del bullicio único
que se da en ellos, el ruido que genera el tintineo de las cucharas pegando sobre
el vaso para que llegue “la vaca” (el lechero), el ambiente que no se encuentra en
ninguna otra parte y que lo envuelve a uno.
Rocío debió haber magnificado todo eso con su presencia, debió haber alborotado
más, la gente debió haber hecho de su presencia un carnaval, debió haberla
abrazado, haberle aplaudido y echado porras, pero la foto –estoy seguro que no
exagero– refleja un sepulcro, frío, silencioso, sin ni siquiera una mosca volando
alrededor.
Nada que motive al veracruzano a decidirse a votar por ella. Mucho a que mueva
hasta a los indecisos a sumarse al frente opositor porque vea y crea que a ella
nadie la sigue y que va a perder, porque la política es también de percepción.
Una presencia y una imagen inoportunas, cuando está a horas de registrarse como
candidata oficial de su partido a la gubernatura y cuando en esa calidad está a
horas de recibir y ser anfitriona de la candidata presidencial de su partido, Claudia
Sheinbaum.
Se ve tan impopular como Cuitláhuac García y tan falta de experiencia y de oficio
político como él como para no darse cuenta de que lo que hizo no se hace, porque
los tiempos cuentan en política y este es tiempo de dar la imagen de una persona y
de una personalidad arrolladoras, atrayente de multitudes, votos potenciales.
Pepe, si quisiera, bien le podía sacar provecho a lo sucedido, presentándose hoy
en el mismo café y a la misma hora. Ya se vería si los meseros, si los comensales,
si los músicos, si los curiosos, si los reporteros, lo dejan solo.
Para mí, por el hecho mismo y por todo lo que dice la foto, Rocío perdió una parte
de la elección: está sola, los veracruzanos no la apoyan.
Me pregunto si tiene quién la asesore, quién la oriente, quién la guíe, quién le diga
lo que debe y lo que no debe hacer como candidata, el impacto de sus hechos (y
de sus dichos), las consecuencias.
Para otra cosa sirvió la foto: para dar una clara muestra de lo que es Rocío Nahle,
la candidata del gobierno, de Morena, de López Obrador, de Claudia Sheinbaum,
de Cuitláhuac García con y sin acarreados.
