LA «SUSANA FONTANA» DE LAS RAMOS

Ene 26, 2026 | Columnas

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Agustín Basilio de la Vega

Con motivo del 120 aniversario de la fundación de la escuela primaria “Susana Fontana” tuve la oportunidad de saludar a más de 30 exalumos de las señoritas Ramos, de diferentes generaciones y todos ellos personas de bien, ejemplos a seguir. Soledad Ramos Enríquez, sus hermanas y sobrinas formaron 80 generaciones de niños con una educación integral, de calidad y en valores humanistas.

A mí me tocó estudiar en la calle Nicolas Bravo número 3 en el centro de nuestra capital. No hice allí el “Kinder” pero recuerdo que “los párvulos” tenían sus salones en el segundo piso de la casa-escuela. Había solo tres salones para los seis grados de primaria: primero y segundo, tercero y cuarto y quinto y sexto así como cuatro áreas para “el recreo” con el fin de separar niños pequeños de las niñas y niños mayores.

Éramos muy pocos alumnos por grado, en promedio 5 o 7 lo que ayudaba a que la educación fuera personalizada, pues cada maestra tenia la oportunidad de conocer bien a cada uno de nosotros y así enfocarse en corregir nuestras debilidades y mejorar nuestras fortalezas académicas, habilidades y valores.

Las colegiaturas las pagaba mi papá puntualmente y yo era evaluado cada semana mediante un registro de asistencias, conducta y desempeño que debía regresar firmado por alguno de mis padres. Aún conservo algunos documentos en donde se informa sobre mi comportamiento escolar.

Para las Ramos, la diciplina y la responsabilidad en el cumplimiento de actividades y tareas era tan importante como la calidad de los contenidos didácticos y material; no bastaban los libros “oficiales” sino que nos encargaban textos adicionales que teníamos que adquirir en librerías y tiendas especializadas.

Ejercían la libertad educativa de manera sorprendente pues a pesar de estar prohibido por el gobierno la educación religiosa, hacíamos la oración diaria bien formados antes de iniciar la jornada e íbamos a misa en fechas relevantes como en el “Día de las Madres”. En los hechos siempre fueron congruentes con el derecho que tienen los padres de familia a seleccionar la educación que desean para sus hijos.

Mis papás eligieron esa escuela para mí porque buscaron la calidad y mi formación integral. Pese a que era una escuela privada era francamente pequeña y muy humilde desde el punto de vista material, pero eso no impidió que ganáramos el primer lugar en el concurso de aprovechamiento de la Zona Centro organizado por la Secretaria de Educación.

La escuela “Susana Fontana” es un ejemplo de la importancia de la educación privada que promueve la competencia, genera empleos, paga impuestos y contribuye a una educación de mayor calidad y responde al derecho de los padres a elegir la educación para sus hijos. Hace falta que el gobierno entienda y valore su misión y no las obstaculice. El monopolio educativo del Estado es una mala idea que hará que la educación sea mediocre y cara.

X @basiliodelavega 26 enero de 2026