Sin tacto
Por Sergio González Levet
Seguramente el Gobierno de la ingeniera Rocío Nahle tiene sus razones para
haber ordenado un cambio de placas en todos los vehículos que están registrados
en Veracruz, y no me meteré aquí a desbrozar los motivos que tenga (sean de
lobo o de oveja) ni a calificar lo que pensaron sus colaboradores (o pensó ella
sola, que dicen algunos que así es la cosa en esta administración).
Si es justa o injusta la medida, lo dejo a otras discusiones y a otros actores. Sin
embargo, sí opino que el proceso que se ha llevado en este asunto ha tenido
varios intríngulis y que se ha fallado tanto en la comunicación con la sociedad
como en la instrumentación de la tramitología necesaria para que cada persona
que sea propietaria de un vehículo pueda cumplir con esta obligación de la
manera más clara, cómoda y rápida.
El cambio de las láminas implica un pago adicional y ésa es una razón por la
cual los obligados se sienten con el derecho a ser tratados con el respeto que
merecen como ciudadanos cumplidos, y no como si fueran deudores morosos o
usuarios de segunda clase.
Para quienes no lo saben, en Veracruz somos gente de primera, muy especial,
y tenemos la costumbre de ser tratados como los grandes personajes que todos
somos. Y eso no es solamente por haber nacido en esta tierra bendita, sino
porque cada habitante de nuestras regiones tiene, frente a los demás terrícolas,
un grado especial de inteligencia, de ingenio, de creatividad, de simpatía y de
honor.
Puestas así las cosas, quienes tuvieron la responsabilidad de delinear los
procedimientos con los que se llevaría a cabo el dichoso emplacamiento debieron
haber trabajado concienzudamente para organizar las cosas de manera que
afectaran lo menos posible a la población. No podía ser menos, puesto que es un
proceso poco popular -a nadie le gusta pagar un impuesto adicional, ni siquiera a
los participativos veracruzanos-, y ese trámite engorroso y para muchos
innecesario, implica molestias personales, pérdida de tiempo y de dinero, y es
ocasión para despertar la ira de los paisanos -el famoso odio jarocho-.
En la realidad, los responsables de parte del Gobierno parece que se ocuparon
más bien de hacer el trámite lo más difícil y oscuro. Añada además que muchos
funcionarios y empleados son nuevos en estos menesteres de la administración
pública y se han dedicado a cometer errores, a cambiar las reglas, a solicitar
nuevos papeles, con lo que han conseguido que la gente se enoje más y más, y
que las colas crezcan y crezcan, al igual que la nariz de Pinocho cuando decía
mentiras.
Va usted dispuesto a perder algunos minutos para cumplir con esa obligación y
resulta que termina perdiendo horas y la mañana completa, que debe destinar la
tarde para completar las peticiones de documentos y regresar al otro día y al otro
día porque a algún burócrata se le ocurrió que los veracruzanos no merecen tener
una autoridad que haga bien las cosas y trabaje por el bienestar de todos.
sglevet@gmail.com
