Desde el Café
Bernardo Gutiérrez Parra
En una visita que hizo al puerto de Veracruz la señora Cecilia
Occelli, entonces esposa del presidente Carlos Salinas de Gortari, se
topó con un bloqueo de autobuses urbanos que retrasaron su llegada
a un evento que tenía programado. Esto le llenó el hígado de
piedritas al gobernador Dante Delgado, que ordenó una reunión con
los concesionarios apenas se fue la señora.
Claridoso y directo, Dante les dijo que eran ching… fregaderas que
si ya habían acordado el aumento al pasaje, armaran su numerito y
afectaran a la esposa del presidente, a lo que uno de los
concesionarios contestó socarrón y altanero: “Lo sentimos mucho
por la señora, pero si actuamos así es porque a pesar del aumento
que usted autorizó, esa cantidad no nos da”.
“Ah, ¿no les da?”, exclamó el gobernador que levantó el auricular
del teléfono, marcó un número y ordenó que se les revocara la
concesión a los fulanos que estaban en su oficina (dio los nombres)
y que éstas se otorgaran a quienes estaban en lista de espera.
Años después un testigo me dijo: “Hubieras visto a esos tipos, casi
se le hincaron al gobernador suplicándole que no les quitara las
concesiones. Y se arrebataban la palabra para dejar en claro que el
socarrón había hablado a nombre propio y no de ellos”.
Como bien sabes lector, el lunes de esta semana los xalapeños se
levantaron con la noticia de que la tarifa en los autobuses de servicio
urbano subió de nueve a 12 pesos, mientras que la tarifa preferencial
subió de seis a siete pesos.
Si en un principio hubo confusión porque no existió aviso previo,
por la tarde la gobernadora Rocío Nahle dijo que su gobierno había
autorizado esas tarifas porque a pesar de que el 1 de enero hubo un
aumento salarial en todo el país, este no repercutió en los bolsillos
de los concesionarios ni en el de los choferes de autobuses urbanos
que siguieron cobrando nueve pesos, cantidad muy por debajo de la
inflación que incluso los obligó a parar varias unidades.
Una vez hecha la aclaración, casi todo mundo aceptó el aumento
después de 11 años de estar pagando nueve pesos.
Pero…
A pesar de que la gobernadora dijo que el incremento sólo sería para
Xalapa porque en otros municipios se había autorizado desde el año
anterior, esto les valió gorro a los concesionarios. Por ejemplo, en el
puerto de Veracruz el costo del pasaje subió de 12 a 18 pesos.
Y en Xalapa el servicio de combis y microbuses que era de siete
pesos, se disparó a doce, es decir, un 84 por ciento. Una barbaridad
para los bolsillos de quienes menos tienen y lo utilizan con
regularidad.
La gobernadora Nahle reaccionó y volvió a decir que el aumento
solo es para Xalapa y concesionario que se brinque las trancas corre
el riesgo de perder la concesión, “porque si el Estado es el que
otorga las concesiones el Estado las puede quitar”.
Esto debió acalambrarlos porque ayer se reunieron con ella los
concesionarios de Xalapa, Banderilla y municipios conurbados y
acordaron que a cambio de modernizar las unidades, va la tarifa de
12 pesos y de siete al pasaje preferencial.
¿Qué va a pasar con los concesionarios de otros municipios que
aumentaron las tarifas y no estuvieron en la reunión con la
gobernadora? ¿Qué va a pasar con los microbuseros de Xalapa y su
84 por ciento de aumento al pasaje?
Después de lloriquearle a Dante, casi todos los dueños de autobuses
urbanos recuperaron sus concesiones, menos el que dijo “que no le
daba”.
Como sus antecesores, Rocío Nahle tiene su estilo personal de
gobernar. Esto lo digo porque los concesionarios que insistan nomás
por sus pistolas en aumentar el precio del pasaje, luego no vayan a
lloriquear.
Nadie se opone a un aumento justo, lo que no se vale es el agandalle.
bernagup28@gmail.com
