Sin tacto
Por Sergio González Levet
Con poco más de once años de historia -fue aceptado por el IFE como partido
político, conste, como partido político, el 9 de julio de 2014- el Movimiento de
Regeneración Nacional es una agrupación que ha envejecido prematuramente. Y
es que sus fundadores con Andrés Manuel López Obrador al frente eran añosos
luchadores sociales que venían de las luchas clandestinas de antes de la reforma
de Reyes Heroles, aprobada en diciembre de 1977, y de las conglomeraciones
partidarias que se sucedieron debido a múltiples y variadas uniones, alianzas y
coaliciones que desembocaron en el desgajamiento multitudinario del PRD hacia
el nuevo partido.
Nacido de abuelos más que de padres, Morena transitó como un partido lleno
de familias patriarcales cuyas cabezas se empataban generacionalmente con el
patriarca mayor en que terminó convertido Andrés Manuel después de tantos años
de luchar electoralmente.
Cierto, los viejos líderes supieron acomodar a sus descendencias y así se creó
una corte de militantes de edad media que sumaban a su corta experiencia en la
administración pública una gran avidez por el poder.
Mientras los ancianos de Morena se iban haciendo más ancianos, los jóvenes
que llevaban décadas participando al lado de AMLO se convirtieron en adultos que
llegaron a disfrutar las mieles de los presupuestos públicos. Muchos de ellos han
sido señalados por su gusto desalmado hacia el dinero y por una total falta de
ética que los llevó a cometer un gran número de delitos amparados en la
galopante impunidad que ha sido una divisa de la Cuarta Transformación.
Pero la historia siempre sigue su curso y la vida no es muy seria en sus cosas.
Sin quererlo y con una vocación distinguida hacia la renovación, nuevos cuadros
han estado surgiendo con características notables y diferenciadoras. Son jóvenes
que presentan una nueva cara ante la imagen implantada del fanático obradorista;
que muestran una preparación académica y política; que tienen muchas ganas de
trabajar y de acelerar el desarrollo; que están llegando a las instancias del poder
guinda y lo están refrescando con ideas honestas, con planteamientos serios y
fundados, con la eficacia de que han adolecido los cuadros orgánicos y hasta los
inorgánicos.
Acá en Veracruz destacan buenos prospectos que están convertidos en la
esperanza blanca de Morena. Gracias a los buenos oficios de la maestra Rosa
María Hernández Espejo, el Ayuntamiento está hecho crisol de una generación
emergente que ya rinde frutos, como Andrés Aguirre Fernández, el ubicuo y
talentoso Director de Gobernación, y la maestra Ana Isabel Martínez Torres, que
derrocha iniciativa en la Dirección de Obras Públicas y Desarrollo Urbano. Y como
ellos que son muestra, hay varios talentos frescos haciendo talacha y dando forma
a la futura conformación de Morena.
Caben también en esa tesitura varios flamantes alcaldes morenistas que
integraron el sector juvenil de los candidatos guindas. Destaca entre ellos Edwing
Eduardo González Fernández, el diligente alcalde de Tierra Blanca, que en un
mes al frente de los destinos de TB ya está dando resultados plausibles. Con él.
Se puede mencionar a los presidentes municipales de Xico, Eduardo Pozos Pérez,
y al más joven munícipe que ha tenido Coatepec, José Ignacio Luna Hernández.
Son sangre nueva que aviva la esperanza del cambio en un movimiento que se
hizo viejo y quiere renovarse.
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