NACIONALIDADES

Ago 30, 2026 | Columnas

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Sin tacto

Por Sergio González Levet

Yo soy periodista y escritor, o escritor y periodista, según se vea de acá para allá o
viceversa. Y nunca en mis tantos años de ejercer ambas profesiones/vocaciones
me he cuestionado si lo uno excluye a lo otro; más bien he llegado a la conclusión
que las dos funciones se complementan perfectamente.
Lo mismo me habría pasado si hubiera hecho la solicitud de la nacionalidad
francesa o la italiana, que me podrían corresponder por mi ascendencia por la vía
materna, y hubiera llegado a tener hasta tres pasaportes de sendos países al
mismo tiempo. Sin embargo, estoy seguro de que eso no me hubiera hecho
menos mexicano, ni en lo legal ni en el alma.
Podría haber disfrutado de ciertas canonjías, como no tener que presentar visa
al entrar a Estados Unidos o gozar de apoyos económicos y de salud
verdaderamente sustanciales, y mis hijos hubieran podido acceder a becas de la
comunidad europea con mayor facilidad.
Pero a la presidenta Claudia Sheinbaum se le acaba de ocurrir que eso de la
nacionalidad múltiple que permite el artículo 32 de nuestra Carta Magna, es un
tema que hay que discutir, como si fuera tan importante. Y hasta llegó a mandar
ayer mismo una iniciativa para modificar los artículos 82, 116 y 122 de nuestra ley
de leyes para prohibir que mexicanos que tengan otra nacionalidad adicional
puedan aspirar a ser Presidente de la República, Gobernador de algún estado o
Jefe de Gobierno de la CdMx.
Eso se sumaría a la reserva de que los integrantes de las fuerzas armadas
deben ser mexicanos por nacimiento y no tener otra nacionalidad, al igual que
quienes ocupen cargos en dependencias de seguridad nacional, aduanas,
capitanías de puerto y otras áreas estratégicas, “para evitar conflictos de lealtad.”

Lo que se hace sospechoso es que se traiga a colación ese tema secundario
cuando hay asuntos de especial urgencia que tratar en estos tiempos difíciles y
extraordinarios, como la violencia manifiesta del crimen organizado, los problemas
económicos del Gobierno y del país, la deuda pública creciente, los miles y miles
de desaparecidos que no se encuentran ni se buscan.
Eso de ponerse a discutir un tema que en lo superficial podría parecer del
nacionalismo más puro, no es más que una caja china que buscar desviar la
atención nacional de los problemas candentes que nos agobian a todos los
mexicanos.
Como el inmenso poder que acumulan las autoridades que se autodenominan
de la Cuarta Transformación, o la falta de democracia y la intervención en las
elecciones, o las agresiones oficiales a protagonistas de la oposición, como la
viuda Grecia Quiroz, el exgobernador Ernesto Ruffo Apel, el partido Somos
México, los verdaderos periodistas críticos y tantos más.
O la sobreprotección a funcionarios señalados por una posible colusión con el
narcotráfico o con el manejo del huachicol fiscal.
¿Doble o triple nacionalidad? La verdad es que hay cosas mucho más
importantes como para estar perdiendo el tiempo en discusiones bizantinas.

sglevet@gmail.com