APUNTES
Manuel Rosete Chávez
“La herencia maldita de AMLO
explotó en las manos de la 4T”
Manuel Añorbe Baños
Mientras la presidenta bailaba alegremente acompañada de un grupo de
pequeños estudiantes que asistieron a Palacio Nacional el jueves pasado con
motivo del Día del Niño, la hecatombe crecía de manera vertiginosa desde
Washington hasta Palenque.
A esa misma hora, el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya negaba
categórico que fuera a renunciar al cargo tras las acusaciones por parte de la
justicia estadounidense de tener nexos con el crimen organizado, junto a varios de
sus colaboradores.
“No”, respondió al ser cuestionado por periodistas si renunciaría para enfrentar la
investigación de la Fiscalía. Hasta entonces, el mandatario estaba seguro
de que la protección de la presidenta Sheinbaum y del apoyo incondicional de
López Obrador eran suficientes para salvar el pellejo.
Y parecía tener razón luego de que la mismísima FGR aseguró que el gobierno de
Estados Unidos no habría presentado pruebas “contundentes e irrefutables” para
detener a Rocha Moya y extraditarlo a ese país.
Pero las cosas dieron un vuelco sospechoso.
Para la noche del viernes, Rocha Moya y el alcalde de Culiacán, ambos de
Morena, estaban fuera de sus cargos, sin la protección del fuero y totalmente
expuestos a la acción de la justicia, lo mismo en nuestro país que la deportación
inmediata a Estados Unidos.
El propio Arturo Zaldívar, el ministro de la 4T, aseguró que tanto gobernadores
como presidentes municipales con licencia pueden enfrentar una detención como
cualquier otro ciudadano, toda vez que la inmunidad procesal “resulta inaplicable
en estos casos”. Es decir, el fuero protege la función y no al funcionario. Hoy
Rocha Moya ya no desempeña la función.
En estos días, todos los medios han recordado sus palabras como candidato a
gobernador de Sinaloa, sobre si el gobierno debía coordinarse con los cárteles de
la droga. En plena campaña, Rocha Moya admitió entonces la necesidad de
entablar puentes. “Hay que buscar una forma de hacerlo”, respondió en entrevista.
“Los gobiernos en general niegan cualquier acercamiento o plática con los
delincuentes, sin embargo, hay una cosa: los contactos se hacen de personeros
del gobierno con el narcotráfico… en ese sentido de coordinarse hay que diseñar
una política de Estado”. ¿Una política de Estado en coordinación con el crimen
organizado?, ah cabrón.
Irónicamente, en ese momento el candidato Rocha elogió la firmeza de Estados
Unidos para castigar a los criminales, subrayando que la coordinación debía
reflejarse “como se refleja en Estados Unidos en las leyes”. Hoy
esos mismos tribunales están por echarle el guante.
El nombre de Rocha Moya, de 76 años, encabezó las acusaciones de un fiscal de
Nueva York y de la DEA, en las que también fueron señalados otros nueve altos
cargos sinaloenses, entre ellos un senador y el alcalde de Culiacán. Todos ellos
morenistas.
El gobernador con licencia ha dicho que tampoco dará la cara por los
otros inculpados: “Cada quien por sí mismo”, cuando la mayoría de ellos estaban
bajo sus órdenes. ¿Entonces? Como Adán Augusto, ¿tampoco sabía nada?
Los caminos de salvación de Rocha Moya son cada vez más estrechos.
El ex gobernador podría enfrentar una pena de 40 años de cárcel o una cadena
perpetua. En ambos casos, su destino sería morir en la cárcel. Sólo la figura de
testigo protegido, compartiendo toda la información que conoce, podría salvarlo.
Por cierto, otro de los acusados, el senador de Morena por Sinaloa, Enrique
Insunza, también habría dicho que no renunciaría al cargo y que esperaría el
llamado de la Fiscalía para contribuir a las investigaciones.
Pero el tsunami también lo alcanzó. La madrugada del sábado habría pedido
licencia ya que su intención es entregarse en cualquier garita fronteriza para ser
testigo protegido de los Estados Unidos. Así lo habrían planteado sus abogados a
las autoridades de justicia de ese país. ¿A quién más piensa empinar el senador?
Con Rocha Moya, el destino ha puesto a uno de los amigos más cercanos de
López Obrador en la peor de las disyuntivas: la cárcel o la muerte.
ROCHA, UN PUNTO DE INFLEXIÓN
Jorge Zepeda Patterson, uno de los periodistas de mayor credibilidad que publica
en el diario Milenio, dice ayer en su columna que la posición en la que ha puesto a
México la justicia estadounidense al solicitar la detención de Rubén Rocha, un
gobernador del partido en el poder, será un punto de inflexión, para bien o para
mal. El Gobierno puede dictaminar que Rocha es inocente y ser criticado por su
“complicidad” con la corrupción, o puede incriminarlo y ser culpado de entreguismo
frente a Estados Unidos. En los dos casos pierde. En otro texto he abordado las
implicaciones de una u otra variante.
Sin embargo, el problema tiene mucho más fondo que un escándalo coyuntural.
Toda crisis obliga a una estrategia de control de daños; en política es
relativamente aceptable si eso consigue una cancelación definitiva del problema.
Exculpar o incriminar a Rocha puede torear una embestida con un daño mayor o
menor, pero para desgracia de la 4T eso no le salva de las siguientes embestidas.
Se habla de una lista de 50 posibles incriminados por la justicia estadounidense,
de la que solo se han difundido los 10 de Sinaloa. No hay estrategia de control de
daños que sea útil si eso no va a detener la hemorragia. ¿Qué va a pasar cuando
los tribunales de Estados Unidos comiencen a soltar expedientes de autoridades
de Tamaulipas, Michoacán, Tabasco, Guanajuato, del Gobierno federal y del
ejército que protegieron a los capos que hoy están siendo juzgados en Nueva
York? ¿Hay algún mexicano que crea que esto no fue así más allá de lo
impresentable que nos parezca Donald Trump? Quizá jugar la carta de la
soberanía y optar por repudiar el intervencionismo sirva una vez, lo cual incluso
dudo, pero es insostenible frente a la evidencia y el sentido común en el resto de
los casos.
Por dolorosa o complicada que parezca, la mejor opción para Claudia Sheinbaum,
me parece, es una salida hacia adelante. Después de todo, el segundo piso de la
4T no generó este orden de cosas; se originó a lo largo de lustros y empeoró con
los años de abrazos, no balazos que, dicho sea de paso, ella ya corrigió. Mal haría
en asumir como propia cualquier cosa que pueda ser percibida como una defensa
de una clase política que, en el fondo, la propia presidenta está interesada en
depurar.
MC SE ALINEA CON MORENA
El coordinador de la bancada de Movimiento Ciudadano (MC) en el Senado,
Clemente Castañeda, dijo que su partido busca que el gobernador con licencia de
Sinaloa, Rubén Rocha Moya, sea juzgado en México si es encontrado culpable de
los presuntos vínculos con el narcotráfico.
En conferencia de prensa, el líder emecista afirmó que la manera en que el crimen
organizado ha permeado en Sinaloa es alarmante.
“Es un asunto muy delicado y además también está en la acusación que hace
Estados Unidos. La manera en la que el crimen organizado, los cárteles,
concretamente el Cártel de Sinaloa ha permeado la estructura del poder público
en Sinaloa es alarmante.
“Ya no hay fronteras entre cuándo es el crimen y cuándo es el Estado. Esa es la
gravedad. Por eso es que nosotros hemos insistido en que debemos de ir hasta
las últimas consecuencias. Por eso exigimos el juicio político, por eso exigimos el
desafuero y por eso exigimos que se le juzgue en México al gobernador con
licencia, pero también a los otros funcionarios”, detalló.
Castañeda resaltó que, en este momento, Sinaloa es un estado fallido, por lo que
pidió a la Fiscalía General de la República (FGR) realizar su trabajo sin ningún
pretexto.
Todo lo anterior en medio de la fuerte sombra que tapa a Movimiento Ciudadano
por el caso de SEGALMEX, del cual se pelaron 12 mil millones de pesos, AMLO
no les hizo nada y el director general Ignacio Ovalle Fernández, un distinguido
miembro del partido Movimiento Ciudadano, no ha dado la cara.
REFLEXIÓN
En un ridículo razonamiento el legislador Ricardo Monreal afirma: los
narcopolíticos surgieron con el prian, como si con eso fuera suficiente para
quitarse el estigma. Pero en el prian al que él perteneció, lo más cañón es que al
entrar Morena al poder con el cuento de acabar con la corrupción su líder López
Obrador no solo no la combatió, la volvió obligatoria por eso hoy todos son
narcopolíticos aunque esto se haya inventado en el pasado. Pero que
poca…progenitora. Escríbanos a mrossete@yahoo.com.mx |
formatosiete@gmail.com
