NO FUE PORQUE ERA PERIODISTA…

Ene 12, 2026 | Columnas

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Sin tacto

Por Sergio González Levet

Cada vez que asesinan a un periodista en Veracruz, lo que ha sucedido y está
sucediendo por desgracia de manera constante, las autoridades estatales se
apresuran a tratar de desviar la atención sobre la profesión de la víctima y
procuran sembrar la idea de que el crimen no tuvo que ver nada con su actividad
informativa.
Muchos de los responsables oficiales de contener la violencia en la entidad se
sienten de alguna manera aliviados cuando logran informar -sea cierto o falso- que
el crimen en contra de algún comunicador no tuvo que ver nada con lo que estaba
publicando.
Y aquí viene el intríngulis, porque el mensaje pareciera ser que si alguna
valiente reportera o algún intrépido comunicador fallecieron por causas ajenas a
su oficio de informar, entonces el delito es menor, explicable, tal vez hasta
justificable en la mente enfermada de quienes ya no saben qué hacer o qué decir
para contener la natural exigencia de la población para que cumplan con su deber.
Y es que las policías que actúan en el estado, con una mano se agarran una oreja
y con la otra no se llegan en su afán de reducir los índices delicuenciales en la
realidad, y no pueden más que mentir en el discurso y en las declaraciones.
Con los periodistas sucede que su actividad les da una visibilidad especial y
además están conectados con uno de los derechos civiles más caros de la
sociedad, el de la información, que ha costado muchos sacrificios y muchas
muertes a lo largo de nuestra historia, y que en los últimos siete años se ha visto
seriamente amenazado ante la embestida gubernamental en contra de la prensa
crítica e independiente.

Son verdaderamente inexplicables los insultos de autoridades de los tres
niveles, aventados a quienes se atreven a disentir de las opiniones
gubernamentales, a quienes desvelan actos de corrupción de funcionarios o a
quienes critican errores públicos que atentan en contra del bienestar del pueblo.
El discurso autoritario que da línea a toda la Cuarta Transformación desde la
mañanera de la presidenta Sheinbaum solamente ha servido para dividir la opinión
ciudadana, para sustentar una confrontación permanente y para establecer un
clima de linchamiento hacia quienes tratan de ejercer con cierta nobleza el noble
oficio de informar las cosas como suceden, con la mayor honestidad profesional
posible.
Por eso tanta prisa en desmentir que alguien ha sido asesinado por contar la
verdad, por publicarla, por revelar la corrupción latente.
Pero si creen que con desviar el origen del crimen éste dejar de ser tal, están
muy equivocados y en el pecado llevan la penitencia, porque los cinco o seis
veracruzanos que no son periodistas y que a diario son asesinados en Veracruz
no son simplemente números de una estadística más o menos mentirosa, sino
personas de carne y hueso que igualmente les duelen a padres y madres, a
esposas e hijos, a hermanos y amigos, de la misma forma que a la sociedad le
duele cuando un comunicador es callado a través de la violencia.

sglevet@gmail.com