PEROTE-XALAPA, UNA TRAMPA MORTAL

May 14, 2026 | Columnas

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Sin tacto

Por Sergio González Levet

Pareciera que los habitantes de la congregación El Fresno del municipio de
Tlacolulan han hecho de los accidentes de tráileres un modus vivendi. Son una
comunidad que sustenta su economía en la recolección de mercancías de los
camiones que cotidianamente se vuelcan en ese tramo de la pendiente de la
autopista Perote-Xalapa.
Se ha llegado a decir, injustamente, que son los propios pobladores los que
provocan los accidentes y que han perfeccionado la rapiña a grado tal que en
unos minutos dejan vacíos los contenedores de los vehículos que pierden la vía en
ese peligroso tramo.
Primero hay que decir que si bien es en ese punto de la carretera donde sucede
la mayor cantidad de siniestros, el robo de las mercancías se ha vuelto una
costumbre regional en la que participan vecinos de poblados de Las Vigas, de
Jilotepec, de Rafael Lucio, de Acajete.
Y segundo, lo más importante, es que el fenómeno de cientos de vecinos que
acuden a recolectar los despojos oculta mediáticamente el hecho singular de que
en esa zona específica ocurren muchos, muchísimos accidentes, y que la
explicación no está en una táctica orquestada por los pobladores beneficiados
para que ocurran.
Lo cierto es que la autopista Perote-Xalapa es una trampa mortal.
Y también cierto es que las autoridades no han hecho ni hacen nada para
remediar el problema o para reducirlo en sus consecuencias.
El conflicto viene desde la misma construcción de la misma vía. Eran los
tiempos de Fidel Herrera Beltrán como Gobernador y consiguió un sueño
acariciado por décadas: que el Gobierno federal construyera una vía rápida que

diera salida y entrada al tráfico vehicular intenso de miles de vehículos que
circulaban entre la capital de Veracruz y el Altiplano. Era una verdadera hazaña de
la pericia y de la paciencia recorrer el tortuoso camino que iba desde los 1,400
metros de altura sobre el nivel del mar de Xalapa hasta los casi 3 mil metros de la
cúspide de Las Vigas.
Fidel, ya lo recordamos como era, empleó todas sus artes de encantamiento
para que la federación convirtiera la carretera autorizada de tres carriles en una
autopista de cuatro, como finalmente se hizo. Pero en el pecado llevó la
penitencia, porque si bien consiguió la ampliación de la carretera, la obra se
realizó sobre el trazo original, que era demasiado estrecho para que se hicieran
los peraltes necesarios para evitar curvas demasiado cerradas. Tampoco se
guardó la precaución para que no hubiera descensos pronunciados.
Por eso tantos y tantos vehículos no pueden mantenerse dentro de la carretera.
Por eso tantos y tantos descarrilamientos y volcaduras.
Corregir los trazos requiere de una inversión exagerada y el Gobierno no tiene
esos recursos. Sin embargo, algo se podría hacer con medidas correctivas más
exigentes, como la colocación de señalética preventiva, de topes reductores, y la
presencia constante de patrullas disuasivas.
Pero no se hace nada de eso, y por eso los tráileres siguen cayendo en la
trampa… y por eso los vecinos han hallado una nueva