PRUEBAS, PRUEBAS, PRUEBAS

May 11, 2026 | Columnas

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Sin tacto

Por Sergio González Levet

Llega la esposa del funcionario chairo intempestivamente a su oficina, entra
impetuosamente y lo encuentra junto con su secretaria, desnudos ambos, en
pleno acto carnal.
La mujer despavorida le empieza a gritar y a decir que es un adúltero, un infiel,
un mentiroso. El hombre se recompone como puede, se tapa con las manos lo
que alcanza a cubrir y le responde con aplomo a su ofendida esposa:
—Mira, mujer, tú me acusas de que te engaño, pero es tu dicho solamente. A
ver, dame pruebas, pruebas, pruebas.
La estrategia de respuesta que han estado utilizando todos los funcionarios de
la Cuarta Transformación que han sido sorprendidos en engaños, corruptelas y
robos ha sido tratar de minimizar las acusaciones con el recurso de solicitar
pruebas, pruebas, pruebas. Y en el seguimiento del manualito de Andrés
Manuelito, llegan a verdaderos absurdos, como el del infiel marido del principio.
Todo empezó con la Presidenta, a quien los asesores venezolanos que
mantiene le recomendaron que diera siempre como respuesta la promesa de que
se iniciarían investigaciones sobre cualquier acusación y que en lo inmediato
exigiera pruebas, pruebas, pruebas a quienes hicieran cualquier señalamiento.
Que si alguien presentaba facturas cobradas por las empresas de los amigos
de los hijos de AMLO: pruebas, pruebas, pruebas.
Que si alguna de las obras faraónicas tenía fallas de construcción y causaba
accidentes y hasta muertes: pruebas, pruebas, pruebas.
Que si agarraban a los sobrinos del exsecretario de Marina metidos en el
negocio del huachicol, que con 600 mil millones de pesos robados es el peor
fraude de la historia del país: pruebas, pruebas, pruebas.

Y la respuesta se volvió viral entre los chairos, pues ahora cualquier funcionario
cuatrotero de medio o de cuarto de pelo sale en automático a exigir pruebas,
pruebas, pruebas cuando lo sorprenden en alguna desviación de los dineros
públicos.
Gobernadores, diputados y senadores, presidentes municipales, secretarios de
despacho, asistentes, directores y jefes de departamento, guaruras, choferes,
noviecitas y noviecitos, atendedores de ventanillas al público, policías y polecías,
agentes de Tránsito y hasta intendentes que llegaron por su 90 por ciento de
lealtad a la causa han puesto de moda la solicitud reiterada: pruebas, pruebas,
pruebas, que se ha convertido en una cantaleta más dicha que las letras de Bad
Bunny.
El único problema que tiene ese recurso para desviar la atención, es que frente
a la flagrancia del delito no es necesario presentar evidencias. Y a funcionarios
chairos de todos los niveles, cada día los agarran más y más con las manos en la
masa.
Pruebas, pruebas, pruebas…

sglevet@gmail.com