@LíneaCaliente
Por Edgar Hernández*
Desde 2018, con el arribo del atarantado Cuitláhuac García y la irrupción simultanea de las redes sociales, se empezaron a dar los primeros síntomas de descomposición de la estructura de poder en las oficinas de prensa y su brazo, Radio y TV de Veracruz -RTV-.
Ello se sucede tras la desaparición de diarios y revistas, ocurrida de manera precipitada tras la asunción del impresentable Miguel Ángel Yunes Linares, quien siempre odio todo lo que olía a prensa y sus moderadores de opinión.
Solo sobrevivió Notiver, los otros son pura fachada.
La misma disminución de la presencia noticiosa en radio y obsolescencia de la televisión oficial y comercial, contribuyeron al auge de las redes sociales.
Todo en el marco de una reclusión mundial obligada por la pandemia de Covid.
Así, en menos de una década el mundo cambió.
Todos nos enterábamos o mal enterábamos gracias a las “benditas” redes sociales y a una verdad oficial impuesta a la mala tras la asunción del Pejelagarto en 2018.
¿Y cómo no sería así?
Si para los ambiciosos chairos y la delincuencia organizada eran la mejor oportunidad para abrir la puerta al poder, al dinero acompañados de un ejército de pendejos que se erigieran en valladares de su causa, en “líderes de opinión”, en expertos en todos los temas, en “Influencers” que defendieran al sistema y atacaran a quienes estaban en contra de su verdad oficial.
En Veracruz, Nahle decidió darle la puntilla a la comunicación social tras su arribo a la gubernatura.
Simplemente partió en dos a la Coordinación General de Comunicación Social, en donde una parte se encargaría de pastorear a la “fuente”, invitarles un café y no admitir a quienes hacían preguntas incómodas a la mal geniuda patrona y sí a remedos de periodistas tipo “Lord Molécula”.
La otra parte de la Coordinación, ya sin vocería, quedaría como la responsable de atender las redes sociales, una misión imposible ya que las redes son el veneno, la respuesta rápida ante la demagogia y la mentira.
Hoy, es un hecho, que las llamadas “fakenews” de parte del sector oficial nomás no jalan.
Con el nuevo modo de manejar la comunicación social del gobierno, ya no hubo espacio para las legendarias síntesis informativas tan útiles para el jefe por décadas. Las áreas de radio y TV internas y la redacción dejaron de funcionar al igual que la oficina de fotografía que, con la digitalización y dos que tres expertos, quedó lista para la modernidad.
Mientras que a la radio y televisión de Veracruz -RTV- simplemente se le dejó morir… de hambre.
En ese tan destructivo esquema tampoco tuvo cabida al diálogo que tradicionalmente todo gobernante mantenía con los líderes de opinión.
No hubo necesidad ya que con esa genialidad que le aconsejaron de que “chayoteara”, con dos pesos, a dos que tres muertos de hambre afines y uno ambicioso que quiere al periodismo para brincar a una diputación y se pagara bien a otro de la ciudad de México que difundiera la verdad oficial, bastaba.
La guerra en las redes -Facebook, Instagram, X, TikTok y portales- abriría espacios de combate entre la verdad oficial y la realidad.
La guerra frontal entre defensores y críticos, la irrupción de anónimos, la unción de no periodistas, la descalificación a verdaderos escritores, articulistas, ensayistas o simplemente gente pensante y con el más mínimo sentido común, dio lugar a que oportunistas desataran batallas de humo que solo provocaron confusión entre la opinión pública.
Hoy vivimos tiempos de alteración, de guerra declarada, de una lucha entre la inteligencia contra la imbecilidad.
Nuevos tiempos, sin embargo, habrán de dar lugar a que la verdad prime.
Quién dijo que: «¿La verdad no destruye, limpia y eso, a veces, duele”?
Tiempo al tiempo.
*Premio Nacional de Periodismo
