Sin tacto
Por Sergio González Levet
Ser de izquierda para unos es una simple declaración, una moda, una etiqueta
que viene en el paquete de souvenirs del partido oficial.
Para otros, por lo general los menos, significa un compromiso, una historia, una
preparación de años… muchos sacrificios.
Y sobre todo una orientación popular que lleva a mantenerse cerca de los
marginados, apoyar a quienes padecen injusticia, luchar por los que menos tienen.
En ese caso, ser de izquierda es un concepto de vida, una convicción, una
respuesta factible a la pregunta de para qué venimos a este mundo
Rosa María Hernández Espejo es la primera autoridad de izquierda que tiene el
Ayuntamiento de Veracruz en su época moderna. Y es una luchadora social, una
profesional y una política orientada hacia el igualitarismo.
Sentado el precedente, la alcaldesa jarocha se ha puesto a trabajar de acuerdo
con sus ideas, con su orientación ideológica. De ahí su cercanía con la gente, su
alejamiento de la oficina de palacio y su presencia en las colonias, en las
congregaciones, en las plazas y mercados.
Es lo importante de ser y no de parecer; de actuar y no de echar habladas; de
comportarse con honestidad…
Parte fundamental de la estrategia de gobierno de Rosa María es la
participación activa de la comunidad. Su equipo de trabajo ha estado formando
agrupaciones de todo tipo que permiten a los ciudadanos ser parte real de las
acciones públicas e intervenir con protagonismos adecuados: el tequio social
como política de estado; la intervención de las manos del pueblo en obras que son
para todos.
En muchas partes del municipio se puede advertir la organización de los
habitantes en brigadas que resuelven necesidades inmediatas, que toman
decisiones y enderezan los planes de gobierno hacia urgencias verdaderas. Todos
participan y opinan en el trabajo que es de todos.
Y ahí, junto a ellos, del brazo y por la calle, aparece cotidianamente la maestra
Rosa María, la periodista que fue y nunca dejará de ser; la cercana, la
incondicional, la electa.
En su caso, el discurso se adhiere a la realidad, la mentira se vuelve un
absurdo, la honorabilidad sienta sus reales. Los efectos positivos se van notando
semana a semana. El experimento de un gobierno que trabaja por el bienestar
está dando frutos. Rosa María no fue cambiada por el poder, al contrario.
Y los jarochos lo saben.
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