SER DE IZQUIERDA

Feb 13, 2026 | Columnas

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Sin tacto

Por Sergio González Levet

No sé cuál sea la razón, aunque me la imagino, por la que cualquiera que se
convierte en seguidor o fan de la Cuarta Transformación se asume, por obra y
gracia del patriarca macuspano, como una persona de izquierda, y lo presume a
los cuatro vientos.
Y esos individuos que caen en la taxonomía perversa de los chairos consideran
apriorísticamente que aquella asunción les permite llama derechistas a quienes no
comulgan directamente con su fanatismo… derechistas o ultraderechistas o
fascistas o adversarios o conservadores u oligarcas o traidores a la patria.
Pero en realidad ser de izquierda no es nadamás convertirse en seguidor de
Andrés Manuel López Obrador y hablar mal de Felipe Calderón, del Prian y
justificar todo lo mal hecho en los siete años y cuatro meses y medio que hemos
padecido el gobierno morenista.
Digamos que alrededor de AMLO y su partido disfrazado de movimiento popular
hay muchos liberales que se llaman así porque piensan que eso les viste, pero
que no tienen la menor idea de lo que es ser un luchador social en pos de las
causas populares.
De izquierda, de izquierda, sí lo es por cierto la presidenta Claudia Sheinbaum
porque enarbola un pasado en el que contempló toda la escala de Jacob del
revolucionario típico mexicano: se enroló en las juventudes que se enfrentaron a
partir del movimiento del 68 a todos los gobiernos centroizquierdistas y
neoliberales de la última etapa del PRI y la fugaz del panismo en el poder;
participó en los colectivos universitarios que se formaban para quejarse de todo,
cantar canciones de los republicanos españoles de la guerra civil del 36 y presumir
a amigos que fueron guerrilleros o presos políticos.

También, como toda persona que se precie de ser de izquierda, se aprendió de
memoria los conceptos fundamentales del materialismo histórico de Martha
Harnecker así como el manifiesto comunista de Marx-Engels y hasta se atrevió a
leer casi un capítulo de El Capital.
De izquierda pues no pueden ser quienes no saben decir con soltura qué es la
plusvalía, y se les pasan de noche conceptos como la infraestructura y la
superestructura, la lucha de clases (olé), la línea de masas, la dictadura del
proletariado.
Tampoco lo son ciertamente quienes nunca se asomaron al libro rojo de Mao o
no leyeron a Antonio Gramsci (los cuadernos de la cárcel sobre todo), a Georg
Lukács, a Herbert Marcuse, a Theodor Adorno, a Louis Althusser, a Michel
Foucault.
Por eso dan entre risa y pena los ahora asiduos al régimen que se sienten y se
dicen revolucionarios, que tildan a los periodistas independientes de derechistas,
que a la menor provocación llaman fascistas a empresarios o a opositores.
Ser de izquierda no es una moda que se pone alguien como una gorra ni un
hobby que lanzan al aire como miss de un concurso. Ser de izquierda es un
compromiso, una tarea histórica y una vocación.
¿De izquierda los chairos de nueva camada? ¡No m4m3n!

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