SIN TELÓN Y SIN TIMÓN: LA UV DE MARTINCILLO EL ESPURIO

Oct 19, 2026 | Columnas

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DE PRIMERA MANO

Por Omar Zúñiga
En una misma semana, la Universidad Veracruzana cambió de capitán al
deporte en plena competencia y le bajó el telón a un festival que ha sobrevivido
34 ediciones. No son accidentes, es la ineficiencia.
En apenas tres días, la máxima casa de estudios de Veracruz aplazó mediante
un comunicado uno de sus eventos culturales más emblemáticos y entregó la
conducción del deporte universitario a una funcionaria cuyo ascenso nadie ha
sabido explicar.
Son dos decisiones distintas con un mismo sello: el de la Rectoría de
martincito el espurio.
El viernes 16 de octubre, martincito el espurio tomó protesta a Amayrani
Alonso Vega como titular de la Dirección de Actividades Deportivas (DADUV),
en sustitución de Luis Gerardo Cortés Sosa.
Como lo advertimos en este espacio ese mismo día, la trayectoria de la nueva
directora cabe en un calendario de bolsillo: base en febrero, Coordinación
Regional de Actividades Deportivas de Coatzacoalcos–Minatitlán el 26 de mayo
y la Dirección en octubre.
Fueron ocho meses, ni los velocistas de Halcones UV corren tan rápido.
El boletín oficial presume su experiencia en entrenamiento, preparación física y
deporte paralímpico.
Nadie le regatea la formación técnica, lo que no aparece por ningún lado es un
currículum en gestión universitaria, administración de recursos o coordinación
de cinco regiones, que es exactamente lo que exige el cargo.
En los pasillos de la DADUV la explicación circula sin rodeos, se dice que
Alonso Vega es protegida del Secretario Académico Arturo Aguilar Ye,
conocido en los pasillos universitarios como el profesor Jirafales.
Si no es así, la Rectoría tiene una manera muy sencilla de desmentirlo, que es
publicar los criterios de la designación y el expediente que la respalda, mientras
guarde silencio, la versión de pasillo seguirá siendo la única disponible.


Luego está la geografía, que en política nunca es inocente, la DADUV tiene su
sede en Xalapa; aquí están sus oficinas, su estructura y su gente.

Sin embargo, la toma de protesta se hizo en Coatzacoalcos, a cientos de
kilómetros de la comunidad que la nueva titular deberá encabezar, un
nombramiento que se formaliza lejos de la dependencia que se va a dirigir no
es una ceremonia, es una manera de evitar miradas incómodas. La forma es
fondo.
Tampoco hubo una despedida digna para el saliente, Cortés Sosa se va por la
puerta de atrás, sin reconocimiento público, sin balance de gestión y sin que la
Universidad le dedicara una línea más allá de la palabra “relevo”.
Su administración no dejó gran cosa que presumir, es cierto, pero el trato
confirma que en esta Rectoría los funcionarios no se van, simplemente
desaparecen del organigrama.
Lo más grave es el momento, pues como se consignó el viernes, del 26 al 30
de octubre se celebra en Xalapa el Festival Deportivo Universitario 2026, el
principal encuentro deportivo de la institución, que llega recortado, con
disciplinas eliminadas y un calendario comprimido.
Y además cambiar a quien conduce el deporte universitario a diez días de esa
competencia es como cambiar de entrenador en el medio tiempo de la final y,
además, presentarlo en otra cancha, si algo sale mal, ya sabemos que nadie
responderá.


Para documentar el optimismo…, apenas un par de días antes, el 14 de
octubre, la Dirección General de Difusión Cultural publicó un escueto “Mensaje
a nuestra comunidad” para informar que la emblemática edición 35 del Festival
de Teatro Universitario se llevará a cabo hasta 2027, “como parte de un
proceso de planeación y organización institucional”.
Traducido del lenguaje burocrático este año no habrá festival, y no se dice por
qué y hay que recordar de qué estamos hablando, porque el propio
comunicado parece no saberlo.
El Festival de Teatro Universitario fue creado en 1967 por Manuel Montoro y
Guillermo Barclay.
Desde entonces ha reunido a estudiantes y egresados de la Facultad de Teatro
con actores aficionados de todas las áreas académicas y de las cinco regiones
de la UV, incluidas las sedes interculturales de la Huasteca y el Totonacapan.
Es, por diseño, un festival abierto a cualquier universitario, estudie Medicina,
Contaduría o Ingeniería.

La exrectora Sara Ladrón de Guevara llegó a subrayar que, fuera de la
UNAM, ninguna otra universidad del país organizaba un festival de teatro de
esa naturaleza.
El mensaje oficial habla de “más de tres décadas”, se queda corto por casi
treinta años ¡de acuerdo con informacion de la misma Universidad!, cuando la
dependencia responsable de un festival no sabe cuánto tiempo tiene, el
problema no es de planeación, es de desconocimiento de su propia historia.
El Festival, además, rebasa a Veracruz, ha sido escuela para generaciones que
hoy actúan, dirigen y enseñan en todo el país, y ha servido de trampolín para
montajes que después viajan a encuentros nacionales.
En 2021, en plena pandemia, se reinventó en formato virtual con 35 proyectos
y un Rally Teatral Universitario México–Chile–México.
Todo ello en una universidad cuyo teatro le ha dado reconocimiento
internacional y ha hecho de Xalapa una referencia escénica del país, desde
2020, su categoría especial lleva el nombre de Roberto Bravo Garzón, el
rector que hizo de la UV una potencia cultural.
La ironía es cruel, el festival que honra a quien expandió la Universidad lo
aplaza quien la achica.
En el comunicado no hay una sola cifra de presupuesto, ni una razón concreta,
ni un responsable, hay, eso sí, un agradecimiento por “la comprensión” de la
comunidad.
Pedir “comprensión” sin dar explicaciones es la fórmula preferida de quien sabe
que la explicación no resiste el escrutinio.


Se dirá que un nombramiento deportivo y una edición aplazada son asuntos
menores, y no, no lo son.
Se suman a una lista que en esta columna hemos documentado mes con mes,
la FISPA de Acayucan en abandono, la auditoría a destiempo contra quien se
atrevió a impugnar la legalidad del rectorado ante la Suprema Corte, las
direcciones de Facultad repartidas entre leales, el deporte recortado y ahora la
cultura en pausa.
Cada caso, por separado, es un tropiezo, juntos dibujan un patrón, una
universidad que se administra para sobrevivir el periodo, no para servir a su
comunidad.
Y ese patrón tiene autor.
La crisis que atraviesa la UV no es producto del azar ni de la falta de recursos;
es consecuencia directa de la imposición de martincito el espurio, cuya

permanencia en el cargo nunca ha tenido, ni tendrá, la legitimidad que sólo da
la comunidad universitaria.
Un rector que llegó por la puerta de los arreglos no puede administrar sino de la
misma manera: con arreglos, lealtades por encima de méritos y silencios por
encima de explicaciones.
A estas alturas, más que visto está que a martincito el espurio, la Universidad
Veracruzana no le interesa en lo más mínimo, le interesa su bienestar personal
y la jugosa pensión a la que se hará acreedor.
Porque también es un hecho -según información de sus allegados en Rectoría-
que su proceso de jubilación ya está en marcha y que su salida es cuestión de
tiempo, y no son buenos deseos de sus detractores.
Es, sencillamente, lo mejor que puede ocurrirle a la máxima casa de estudios
de Veracruz, y si algo le importa todavía la UV, si le queda un resto de aprecio
por la institución que le dio todo, debería dar ya un paso al costado.
No para salvar su gestión, que no tiene salvación, sino para rescatar al menos
una insignificancia de dignidad profesional y universitaria.
El telón ya bajó, sólo falta que él se dé cuenta de que la función terminó.
Una universidad sin teatro y con el deporte a la deriva no está en planeación:
está en abandono.
¡Qué barbaridad!
deprimera.mano2020@gmail.com