Desde el Café.
Bernardo Gutiérrez Parra.
Todo empezó en Nueva York con una editorial de The Wall Street
Journal donde se afirma que después de que deje la presidencia de la
República, Andrés Manuel López Obrador seguirá mandando en
este país. Y la nota hizo explotar el mal humor del tabasqueño.
“¿Qué periodismo serio puede ser el que se diga en un editorial del
Wall Street Journal que yo voy a seguir siendo el poder detrás del
trono? Es una falta de respeto a Claudia, a las mujeres, un
desconocimiento completo de lo que somos…”, dijo.
Como nadie esperaba otra cosa del presidente, su comentario se
tomó de quien vino. Lo interesante era saber la opinión de la
directamente afectada, Claudia Sheinbaum, que desde que era
candidata carga con el sambenito de ser la futura Pascual Ortiz
Rubio de López Obrador.
Y al parecer va para allá.
A pesar de lo que diga Andrés Manuel, Claudia es la presidenta
electa más vigilada, acotada y maniatada por un presidente en
funciones. Si ella dice blanco, su jefe dice negro por lo que tiene que
recomponer lo afirmado y decir que es un negro deslavado muy
parecido al blanco.
Para llegar hasta donde está, ha tenido que abandonar su
independencia y aceptar innumerables humillaciones. La última,
dejar que el presidente la placee a su antojo en sus giras
finsemaneras que llevan implícito el mensaje: “Ella será la
presidenta, pero el dueño del poder seguiré siendo yo”. Y Claudia ha
tenido que agachar una y otra vez la cabeza.
Si bien no se esperaba una respuesta que molestara en lo más
mínimo a Andrés Manuel, había confianza en que la ex jefa de
gobierno capitalino matizara sus palabras y contestara al Wall que su
editorial estaba alejada de la realidad.
Pero una respuesta como la que soltó, quizá ni el propio presidente
se la esperaba.
“Leía hoy en un periódico: ‘Claudia debe pintar la raya con Andrés
Manuel López Obrador’. (Pero eso) sería pintar la raya con el pueblo
de México y eso nunca; con el pueblo todo, sin el pueblo nada”, dijo
de entrada.
Al encabezar ayer el denominado Festival Artístico Conmemorativo
del Triunfo de la Cuarta Transformación, y rodeada de los morenos
más gruesos que tiene el movimiento como el vocero presidencial
Jesús Ramírez; el líder de Morena, Mario Delgado; la secretaria
general de ese partido Citlalli Hernández y el monero Rafael Barajas
“El Fisgón”, Claudia aseguró que “no va a haber traición” y que
“nunca” se distanciará del presidente.
Tras prometer que guardará el legado del tabasqueño agregó por si
había dudas: “¿Qué sentido tiene mirarnos al ombligo? ¿Por qué no
vamos a las plazas a hablar de la reforma judicial, a todas las plazas
del país? ¿Por qué no vamos a las plazas junto con nuestros
diputados electos, nuestros senadores electos, a seguir
concientizando, a seguir diciendo qué ha hecho el Poder Judicial
hasta ahora y por qué la reforma judicial?”.
Es decir, quienes la vieron y oyeron, asistieron a la ceremonia de
una Claudia Sheinbaum completamente arrodillada ante un
todopoderoso presidente.
“Claudia es inteligente, fría, calculadora y ha hecho de la paciencia
una religión; a esto se debe su cercanía con López Obrador por más
de veinte años. Después de tanto tiempo a su sombra ha aprendido a
mentir como lo hace el presidente y es muy probable que lo esté
engañando”, me dijo ayer un personaje que la conoce desde la
universidad y trabajó con ella.
Este personaje agregó que Claudia no es de las que olvida agravios y
López Obrador le ha hecho muchos.
“Quiero pensar que por muy acotada que esté, terminará por
desembarazarse de Andrés Manuel porque así se lo exigen su
dignidad, inteligencia y su independencia. No lo hará al estilo de
Ruiz Cortines que cortó pronto y de tajo con Miguel Alemán, pero sí
al estilo de Lázaro Cárdenas que tardó un año en mandar al exilio a
Plutarco Elías Calles”.
Uta…
Alguna vez mi querido Neno me dijo que las mujeres son tan
inteligentes que han hecho creer a los hombres que son los más
fregones de la Creación. Quiero pensar que Claudia, que es
infinitamente más inteligente que López Obrador, le hizo creer que
es el presidente más fregón en la historia de la humanidad. Y el
tabasqueño mordió el anzuelo y la premió con la presidencia, a
cambio de su obediencia los próximos seis años. Obediencia que no
piensa seguir la presidenta electa.
Reitero lector, quiero pensar así. Pero es difícil y cuesta trabajo
después de verla sumisa y postrada ante su jefe y hacedor.
Y cuando existe la incertidumbre, no queda de otra que esperar.
bernardogup@hotmail.com
