TRATAN DE SALVAR A ALCALDESA DE COLIPA PERO NO PRESENTAN PRUEBAS

Sep 22, 2025 | Columnas

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Prosa aprisa

Arturo Reyes Isidoro
No cuadra, para nada, lo que se dijo desde el Gobierno del Estado el viernes sobre
el operativo de fuerzas federales en el rancho “Los Quintero” en el municipio de
Colipa y la versión que se ofreció este lunes en la conferencia de prensa de la
gobernadora Rocío Nahle; no solo las versiones son distintas, sino que hay
inconsistencias. Al final, la idea que queda en el imaginario popular es que tratan de
encubrir a la presidenta del municipio citado porque es una militante de Morena.
El viernes, el secretario de Gobierno, Ricardo Ahued, confirmó el operativo en
Colipa y otro realizado en un rancho del municipio de Vega de Alatorre; del primero
informó que había sido retenida ahí la alcaldesa Gabriela Ortega Molina. “Está bien,
pero no quisiera, porque precisamente ahorita están los procesos, las
declaraciones, no quisiera adelantar (algo) que pueda desvirtuar lo que es la
investigación”. La munícipe habría estado retenida durante ocho horas y luego
habría sido dejada en libertad.
Si algo distingue al secretario Ahued es que es un funcionario honesto cuya divisa
es hablar con la verdad y actuar con apego a la ley, por lo que su declaración la
recogieron todos los medios locales y de la Ciudad de México (está en todas las
hemerotecas digitales), dando por buena su versión. Desde el momento en que
habló con la prensa surgieron las interrogantes: qué hacía en el rancho cateado la
alcaldesa.
La presidente Ortega Molina no reaccionó ese mismo día, ni el sábado, ni el
domingo y supuestamente apareció este lunes cuando por petición de la
gobernadora Nahle vino a hablar con el secretario Ahued al Palacio de Gobierno (“le
mandamos a hablar”), aunque no hay modo de comprobarlo porque ni siquiera
subieron a las redes alguna imagen del encuentro.
Se supone que le “mandaron a hablar” por la presión de los medios, que insistían en
su pregunta: qué hacía en el rancho, pero, además, por información que circuló
luego de que el rancho presuntamente es propiedad del empresario José Gil
Quintero, sobrino del capo del narcotráfico Rafael Caro Quintero, detenido en una
prisión norteamericana luego de que fue extraditado el 27 de febrero de este año
por el gobierno mexicano bajo presión del gobierno de Donald Trump.
Evidencias señalan que Morena cobija a corruptos y delincuentes
En el Gobierno ya no sienten lo duro sino lo tupido porque cada vez más surgen
evidencias de que en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador hicieron
alianzas con la delincuencia organizada, como lo comprueba el caso de Tabasco,
donde el entonces gobernador Adán Augusto López Hernández, ahora líder del
Senado, nombró como secretario de Seguridad Pública a Hernán Bermúdez
Requena, quien resultó ser jefe de “La Barredora”, una fracción de un grupo
delincuencial en la mira del gobierno norteamericano.

Con el agregado de que altos mandos de la Marina resultaron ser también unos
delincuentazos, protegidos por el exsecretario del ramo, Rafael Ojeda Durán, a
quienes López Obrador les entregó el control de las aduanas portuarias y quienes
habrían estado cometiendo el delito de “huachicol fiscal” en contubernio también con
la delincuencia organizada, con lo que el morenismo ha quedado marcado para
siempre como un partido y un Gobierno que cobija a corruptos y delincuentes
consumados.
Y por si no fuera suficiente lo anterior, el Gobierno de Donald Trump ha retirado la
visa a gobernadoras y diputadas morenistas y les ha congelado cuentas
acusándolas de tener vínculos con la delincuencia, además de que está reclamando
la extradición de varias de las más destacadas figuras de Morena, gobernadores y
gobernadoras incluidos, o presionando para que les abran investigación en México y
los procesen por estar coludidos con los cárteles del país.
Los asustó presencia de edil en rancho cateado
Por eso les preocupó y asustó en Veracruz que una de sus distinguidas militantes
fuera hallada en un rancho bajo el escrutinio del Gabinete de Seguridad, durante un
cateo en el que participaron el Ejército, la Guardia Nacional y la Fiscalía General del
Estado, porque les pone un bozal y les quita toda autoridad para estar acusando a
militantes de la oposición, sin pruebas, de que están coludidos con la delincuencia,
solo para descalificarlos y tratar de justificar los fraudes electorales que han
cometido. Pero, ahora sí, tal vez por las amargas experiencias que ha vivido por las
declaraciones que hace, Rocío esta vez le pasó la pelota al secretario de Gobierno
para que él respondiera, en lugar de invitar a alguien de la Fiscalía General del
Estado para que ofreciera una explicación, o sea, optaron por una salida política en
lugar de por una respuesta legal.
Sin duda, qué incómoda posición la de Ahued de cargar con el peso de salir a tratar
de limpiar la imagen de la alcaldesa, qué incómoda porque estoy seguro que lo hizo
muy a su pesar, aunque, una revisión muy atenta de lo que dijo muestra que fue
extremadamente cuidadoso en la forma cómo lo dijo: nunca asumió la primera
persona, yo lo digo, yo lo afirmo, el Gobierno, sino que usó la tercera persona: ella
dice, ella me dijo, o sea, el alcalde de Xalapa con licencia no metió las manos por la
señalada y toda la responsabilidad se la dejó a la joven mujer.
“Ella dice no estar y está presente, incluso ella estuvo enferma el fin de semana,
trajo comprobantes de que estuvo ella en un aspecto de salud y está atenta a
cualquier investigación. Estuvo aquí presente en la mañana con un servidor”,
declaró el funcionario, o eso lo mandaron decir (el columnista ha escuchado la
versión de que ha presentado su renuncia por lo menos en tres ocasiones, pero que
no le ha sido aceptada).
Sobre el tema, mi compañero columnista Filiberto Vargas Rodríguez, con acceso a
fuentes bien informadas de primer nivel en la Ciudad de México, en su columna
“Punto de Vista”, que empezó a circular desde la noche del lunes, comenta que
cuando hallaron a la alcaldesa en el rancho, “El reporte llegó a la oficina del titular

de seguridad federal, Omar García Harfuch, quien de inmediato se comunicó con la
gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle”.
“Si no hay foto, no sucedió”.
“Desde el momento en el que se enteraron del suceso hasta la mañana de este
lunes, que la gobernadora ofreció su conferencia de prensa, dio tiempo para
elaborar un guion: ‘se negarán los hechos, la alcaldesa saldrá en sus redes sociales
para desmentir lo de su captura y el secretario de gobierno respaldará su dicho. Se
informará que la alcaldesa tuvo un problema de salud –sin dar detalles de este– y
dejaremos que el tema se enfríe’”.
Preguntas que han dejado sin respuestas
¿Por qué la alcaldesa no reaccionó de inmediato, el mismo día de los hechos, para
explicar su situación en las redes, que se ve que utiliza? ¿Por qué dejó pasar tantos
días? ¿Por qué no mostraron una fotografía de su encuentro con el secretario
Ahued? ¿Por qué no dieron detalles de qué día o qué días estuvo enferma y dónde
fue atendida, en qué centro médico, en qué ciudad? ¿Dado lo delicado de su caso,
por qué no mostraron copias de los comprobantes de que estuvo enferma o una
constancia de dónde la atendieron? ¿Si vino el lunes a Xalapa y llegó a las 8:30 al
despacho del secretario, por qué no se quedó unos minutos más y la presentaron en
la conferencia de prensa de la gobernadora para que diera su propio testimonio ante
la gran caja de resonancia que son los chicos de la prensa que cubren la fuente?
¿En todo caso, si vino a la capital del estado, por qué no dio unos cuantos pasos y
se pasó al café de frente al palacio para dar su propia conferencia y ofrecer detalles
para limpiar su imagen?
Los morenistas llevan apenas siete años en el poder y lo que los distingue son los
actos de corrupción (Segalmex es el caso más emblemático hasta ahora, aunque
ahí está ya lo del huachicoleo a gran escala), los escándalos, como los de los hijos
de López Obrador, por su riqueza inexplicable (es un decir, porque es muy
explicable) y la ostentación pública que hacen de ella, sus vínculos con la
delincuencia, su impunidad y su insistencia en mentir, traicionando la confianza
depositada en ellos en las urnas, cuando, según, los tres principios de AMLO,
adoptados por Claudia Sheinbaum, eran y son no mentir, no robar y no traicionar.