TUXPAN: LA MEMORIA TAMBIÉN MERECE RESPETO. BITÁCORA POLÍTICA

Sep 1, 2026 | Columnas

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Por Miguel Ángel Cristiani G.

Hay historias que un pueblo no debería olvidar. Y hay otras que, antes de convertirlas en motivo de celebración, deberían revisarse cuidadosamente.

En Tuxpan acaba de surgir una de esas historias incómodas. El gobierno municipal que encabeza Daniel Cortina habría respaldado la presentación del libro Tecomar, de Carlos Viveros Figueroa, quien fue director de esa empresa, y en el acto se presentó a representantes de la compañía prácticamente como parte de una historia de éxito y hasta como “héroes”.

El problema es que detrás del nombre Tecomar existe también una historia mucho más dolorosa: la desaparición del buque mercante Tuxpan, ocurrida en el Atlántico en febrero de 1987, con toda su tripulación.

De acuerdo con la información proporcionada para esta columna, el barco había salido de Bremen, Alemania, con destino a Tuxpan, Veracruz, transportando 551 contenedores. Inicialmente se informó que la embarcación se había hundido durante una tormenta la noche del 24 de febrero.

Pero investigaciones posteriores y la apertura de archivos del Tribunal del Distrito Sur de Nueva York habrían arrojado una versión diferente.

Según esos documentos, el buque presentaba problemas técnicos antes de iniciar su último viaje: fallas en el motor, grietas en la placa y pernos de la base del motor sueltos. La embarcación habría quedado a la deriva después de una falla mecánica, sin posibilidades de enviar señales de auxilio.

Otro de los señalamientos más delicados es que la posición proporcionada a la Guardia Costera estadounidense habría sido incorrecta, lo que dificultó la localización de la nave y de sus tripulantes.

El tribunal estadounidense habría determinado además responsabilidades económicas para la empresa, incluyendo el pago por una carga valuada en 22 millones de dólares y compensaciones a familiares de los marinos desaparecidos.

Aquí es donde la historia adquiere otra dimensión.

Porque una cosa es presentar un libro sobre la trayectoria de una empresa y otra muy distinta es convertir esa historia empresarial en un homenaje público sin explicar también los episodios que dejaron preguntas pendientes y, sobre todo, víctimas.

La pregunta resulta inevitable: ¿por qué en la presentación del libro no se habló también de la historia del buque Tuxpan y de sus tripulantes?

Porque un libro empresarial puede contar los éxitos, las inversiones, los contratos y los logros. Pero cuando existe una tragedia de semejante magnitud vinculada con la empresa, también debería existir espacio para la memoria, la responsabilidad y la explicación.

Y aquí aparece el papel del Ayuntamiento.

El gobierno municipal puede promover actividades culturales y apoyar la presentación de libros, por supuesto. Pero cuando se trata de una empresa cuyo nombre está ligado precisamente al de Tuxpan y a una tragedia marítima que costó la vida de toda una tripulación, la prudencia institucional debería estar por encima de la fotografía y del aplauso.

No se trata de condenar a nadie sin sentencia ni de sustituir a los tribunales. Se trata de algo mucho más sencillo: conocer toda la historia antes de convertir a sus protagonistas en héroes.

Porque hay homenajes que pueden esperar.

Y hay memorias que no deberían hundirse otra vez en el olvido.