UN ESTILO QUE LA METE EN PROBLEMA TRAS PROBLEMA

Jul 29, 2025 | Columnas

WEB MASTER

Prosa aprisa

Arturo Reyes Isidoro
Luego de cinco días de estar sometida a una intensa lluvia de críticas y hasta de insultos
groseros en su contra (en los que no estoy de acuerdo) tanto en las redes sociales como
en los medios de prácticamente todo el país, la gobernadora Rocío Nahle trató ayer
martes de detener la ofensiva con una declaración a Joaquín López Dóriga, aunque
tardará mucho tiempo en resanar el daño que sufrió en su persona y en su imagen como
política, si es que lo logra del todo.
Tras su inoportuna, indebida y desafortunada declaración (para ella) de que la profesora
Irma Hernández Cruz, secuestrada el 18 de julio por un comando armado con fusiles de
alto poder que la exhibió en un video hincada y maniatada, había muerto a causa de un
infarto tras ser “violentada”, según “los forenses”, lo que desató el tsunami de
descalificativos en su contra, ayer dijo ya que se trató de un homicidio doloso y aclaró que
ella nunca acusó a los medios de ser “miserables”.
Pero qué necesidad de todo el escándalo, que escaló hasta medios del extranjero. Sin
duda se precipitó cuando hizo su espontánea declaración inicial a XEU Noticias, porque
nadie le había preguntado ni le estaba preguntando sobre la causa científica de la muerte
de la malograda taxista. “Fue violentada. Nos están indicando los forenses que, a raíz de
la violencia, le dio un infarto”, soltó de su ronco pecho, sin pensar en las consecuencias,
además porque salvo mi compañero columnista Filiberto Vargas Rodríguez, nadie más
hizo notar que también cometió un delito.
Fili apuntó en su columna “Punto de Vista” el domingo que el informe forense forma parte
de la carpeta de investigación lo que obliga, por ley, a mantener en secreto lo que ahí se
incluya, al menos hasta que dicho material sea presentado en un juicio. Recordó que el
Código Penal para Veracruz contempla, en el artículo 178, de seis meses a dos años de
prisión y multa hasta de cien días de salario “a quien –sin anuencia del legitimado para
concederla y con perjuicio de tercero– revele un secreto o una información reservada que
ha conocido o recibido con advertencia de que tiene ese carácter y, por ende, debe
quedar para su guarda exclusivamente o para revelarlo o entregarlo a una persona
determinada”, y que el artículo 179 agrega que si quien comete el delito de “develación de
secretos” es servidor público, “se le destituirá e inhabilitará, además, de seis meses a tres
años”.
Ese plural que usó también: “Nos están indicando los forenses”, la mete en problemas,
aunque seguramente nadie la va a cuestionar, porque los forenses no tenían por qué
haberle informado nada ya que se supone que no son sus empleados sino servidores de
una institución autónoma como se supone que es la Fiscalía General del Estado y que es
únicamente a su titular, en el caso, a Verónica Hernández Giadáns, a quien debieron
haber informado del resultado de la necropsia. Esa falta a las formas se prolongó cuando
el lunes 28 llevó a su conferencia de prensa en el Palacio de Gobierno al forense

responsable, cual un empleado suyo más, para que la justificara con su testimonio. Si
bien es sabido que no guardan las formas y que la Fiscalía funciona como una
dependencia más del Gobierno, extrañó que en lugar del forense no haya llamado mejor a
la fiscal a que la acompañara y fuera ella la que diera el informe que se podía dar, lo que
mostró o que no le tiene confianza o que no la quiere cerca de ella.
Sorprende que ocho meses después la gobernadora no aprenda a ser cauta y se meta en
problemas, como se metió también cuando sin que nadie le preguntara y sin que el
Gobierno estuviera preparado ya con estudios realistas y profesionales que la
sustentaran, anunció nuevas tarifas de taxis o el cambio de placas de vehículos para el
próximo año, lo que llevó a marchas, plantones y bloqueos en siete ciudades que los
obligaron a dar marcha atrás, en el caso de las tarifas de taxi, y paró ya de manos a los
propietarios de autotransportes quienes desde medio año antes se preparan ya para
realizar protestas, en el caso de las placas.
Las preguntas insistentes son: ¿Es que nadie la orienta, la documenta, la asesora, le
informa, la prepara para sus declaraciones? ¿O es que, como se comenta en forma
insistente, ella no le hace caso a nadie porque cree que lo sabe todo? Me tocó ver a
gobernadores, a partir de Rafael Hernández Ochoa, que madrugaban con sus más
cercanos colaboradores y sus equipos de prensa para revisar los temas del día, las
respuestas que se iban a dar y quién las iba a dar, pero nunca lo hacía el gobernador para
salvaguardarlo de una posible metida de pata. Cuando Raúl Peimbert estuvo al frente de
Comunicación Social en el gobierno de Miguel Alemán, por ejemplo, esperaba en su
oficina desde las seis de la mañana a que abrieran los noticieros para empezar a
responder, aclarar o precisar informaciones, lo mismo que hacía Fidel Herrera Beltrán,
quien tan pronto escuchaba algo que consideraba que no estaba correcto levantaba al
funcionario que fuera y lo enviaba a Veracruz, de ya, para que entrara en vivo en el
noticiero de Telever y diera la versión oficial.
Son estilos y el de la gobernadora es yo, solo yo y nadie más que yo, lo que hace ver al
resto de la administración ausente, un estilo que, lo que se ve, no se juzga, la mete en
problema tras problema y que en apenas ocho meses le ha causado ya un terrible
desgaste político y en su imagen como si estuviera ya en su cuarto o quinto año de
gobierno, y todo indica que no habrá cambio de estrategia, si es que hay alguna
estrategia. ¿Es que adentro nadie dimensiona la gravedad del daño que les causa? ¿Es
que no actúan para corregir por falta de experiencia? ¿Es que no se dan cuenta? ¿O es
que, como también se comenta afuera, les gana la soberbia?
Y el colmo, está sola, la han dejado sola. Desde que inició el golpeteo nadie, ni el
dirigente de su partido (¿dónde anda Ramírez Zepeta?), ni sus colaboradores, ni los
presidentes municipales en funciones y electos de Morena, ni los diputados locales y
federales, así como los senadores guinda, han salido a tratar de hacer una defensa a su
favor en todos los foros posibles, y sus aliados, los periodistas del Bienestar, de la 4T,
tampoco han estado a la altura de sus críticos.