VERACRUZ, EL PIONERO OLVIDADO

Jun 15, 2026 | Columnas

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DE PRIMERA MANO

*La CEAPP fue el primer organismo en su tipo en el país
*Un senador detrás de los ataques
Por Omar Zúñiga
Cuando se habla de Veracruz y periodismo, la conversación suele derivar casi en
automático hacia el recuento de agravios: asesinatos, desapariciones, amenazas, y en
general hacia el hostigamiento oficial.
Y con razón: esta entidad ha cargado durante años con el estigma de ser una de las
más peligrosas del país para ejercer la profesión más chingona del Mundo.
Pero hay un dato que siempre se omite, y no, no se trata de defender lo indefendible,
pero merece ser dicho con claridad porque habla bien de Veracruz: aquí nació, antes
que en cualquier otro estado de la República, un organismo autónomo dedicado
exclusivamente a la protección de quienes hacemos periodismo.
La Comisión Estatal para la Atención y Protección de los Periodistas (CEAPP) fue
creada mediante la Ley número 586, publicada en la Gaceta Oficial del estado el 3 de
diciembre de 2012, durante la administración del tristemente célebre Javier Duarte de
Ochoa. Es conveniente subrayar esta fecha porque cambia la narrativa habitual:
Veracruz no llegó tarde a este tema, se adelantó, por las causas que fueren.
El gran acuerdo nacional que impulsó la creación de mecanismos estatales de
protección a periodistas y defensores de Derechos Humanos se firmó en 2017; la
CEAPP ya tenía entonces cinco años de existencia y quienes hoy la repudian antes la
aplaudían.


Las atribuciones de la CEAPP están contenidas en el artículo 3 de la Ley 586, son
amplias: puede otorgar medidas de atención y protección a periodistas que enfrenten
amenazas o agresiones derivadas de su trabajo; exigir su cumplimiento a las
autoridades competentes; denunciar a los servidores públicos que incumplan;
establecer protocolos y lineamientos para evaluar riesgos; coordinarse con
organizaciones de la sociedad civil especializadas en libertad de expresión; y promover,

desde las universidades hasta la sociedad en general, una cultura de respeto al
ejercicio periodístico y al derecho a la información.
Un diagnóstico elaborado en 2022 por la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones
Unidas para los Derechos Humanos en México, arrojó un dato que pocas veces se
reconoce públicamente: de todos los mecanismos y comisiones estatales de protección
a periodistas que existen en México, Veracruz es el organismo que cuenta con la
estructura más robusta, con 41 funcionarias y funcionarios públicos.
Mientras en otras entidades los llamados mecanismos locales son apenas una persona
con responsabilidades repartidas en varios temas, o consejos sin presupuesto que
llevan años sin sesionar, es decir, la CEAPP se ubica en una posición singular dentro
del mapa nacional.
De las 32 entidades del país, solo un puñado de estados —Colima, Querétaro y
Veracruz— cuentan con mecanismos dedicados específicamente a la protección de
periodistas.


Como mencioné, ser reconocido como el mecanismo mejor dotado en papel no
equivale automáticamente a ser el más eficaz en los hechos, y sería deshonesto
presentarlo así.
El desafío no es desaparecer la CEAPP, sino actualizarla, reforzar su vinculación con
el mecanismo federal y, sobre todo, traducir su robustez administrativa en protección
efectiva para quienes, día con día, siguen (seguimos) ejerciendo el periodismo en uno
de los estados más exigentes de México.
La base institucional ya existe. Lo que falta es la voluntad política para que esa base, la
más sólida del país, funcione como lo que fue pensada para ser.


Y sin embargo, ese futuro de actualización no está garantizado. En el último año, el
debate sobre la CEAPP ha tomado un giro preocupante: de la discusión sobre cómo
reformarla se ha pasado, en algunos sectores del propio gremio periodístico, a plantear
abiertamente su desaparición.
Conviene detenerse a pensar qué significaría, en términos prácticos, que Veracruz se
quedara sin este organismo. No se trata de un ejercicio retórico: la propia Comisión
reportó la activación de más de 50 medidas de protección durante 2025, casi el doble

que el año anterior, en una entidad que continúa entre los primeros lugares del país en
agresiones, desapariciones y privaciones de la libertad de comunicadores.
Eliminar la CEAPP dejaría sin punto de entrada institucional precisamente a quienes
hoy solicitan refugios temporales, escoltas, botones de pánico o reubicaciones.
El segundo riesgo es regresar a la dispersión que caracteriza a la mayoría de los
estados del país: enlaces unipersonales dentro de la Secretaría de Gobierno, fiscalías
sin presupuesto etiquetado, consejos que no sesionan.
Veracruz fue pionero precisamente por escapar de ese modelo disperso; desmantelar
la CEAPP sin una ley sustituta ya aprobada equivaldría a devolver al estado al punto de
partida de hace casi una década y a perder, de un plumazo, el lugar de referencia
nacional que hoy ocupa en materia de estructura institucional.
Un tercer riesgo es de memoria institucional. La Comisión opera con personal
especializado, protocolos de evaluación de riesgo y convenios de coordinación
construidos durante más de una década. Esa infraestructura —buena o mala, eficiente
o no— no se reconstruye de un día para otro.
Si la CEAPP desaparece, los expedientes en curso, los acuerdos de protección activos
y el conocimiento acumulado sobre patrones de agresión en distintas regiones del
estado corren el riesgo de perderse o quedar en un limbo administrativo justo en el
momento en que un periodista necesite activarlos.
Por último, está el riesgo de la señal política.
Veracruz ha sido, para bien y para mal, un referente nacional en materia de violencia
contra la prensa. Que el estado que primero creó un organismo autónomo para
proteger periodistas sea también el primero en desmantelarlo —sin sustituirlo por un
modelo más legítimo y participativo— enviaría un mensaje difícil de revertir: que ni
siquiera la institución mejor dotada del país pudo sobrevivir a la falta de confianza entre
gobernantes y gobernados.
El camino responsable no es optar entre el fachadismo institucional actual y el vacío
total. Es exigir, con la misma energía con que se denuncia la opacidad, que la reforma
prometida en enero de 2025 para darle más atribuciones a la CEAPP deje de estar en
la congeladora legislativa.
Veracruz tiene la oportunidad de pasar de ser pionero en crear la institución a ser
pionero en democratizarla. Desaparecerla sin más sería, en cambio, desperdiciar trece
años de aprendizaje institucional justo cuando más se necesita.


No es casual que el reclamo por desaparecer la CEAPP haya cobrado fuerza en el
mismo periodo en que distintos actores políticos vinculados al grupo de los Yunes del
Estero y a que el mismo senador Manuel Huerta haya pdido su desaparación,
intensificado su ofensiva contra el gobierno de Veracruz.
Plantear su desaparición en este momento, envuelta en un discurso legítimo de
hartazgo gremial, también puede funcionar como ariete: cada nota sobre opacidad,
cada reclamo de los periodistas, cada señalamiento de mal uso de recursos se
convierte en munición contra Palacio de Gobierno, independientemente de quién haya
diseñado o integrado la Comisión originalmente.
Esto no invalida las críticas de fondo —son reales y están documentadas—, pero sí
obliga a leerlas con un mapa político en la mano.
Si detrás del impulso para desaparecer la CEAPP hay, además del legítimo enojo del
gremio, un cálculo para abrirle un frente más a la gobernadora, entonces lo que está en
juego no es solo el futuro de un mecanismo de protección a periodistas, sino una pieza
más en la disputa entre los bloques políticos que se reacomodan en Veracruz.
Y si ese es el caso, la pregunta que deberíamos hacernos como gremio periodístico es
si quiere que su demanda histórica de una CEAPP más legítima termine siendo, sin
que lo busque, la bandera de una guerra que no es la suya.


Y si había alguna duda de la ofensiva del Estero, la diputada titular de la Comisión de
Protección a Periodistas del Congreso local Bertha Rosalía Ahued Malpica, no ha
hecho ni piensa elaborar alguna iniciativa para desaparecer la CEAPP, pues ella misma
conoce todo lo que hay en juego, incluido el juego político.
¡Qué barbaridad!
deprimera.mano2020@gmail.com