Entre Columnas
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«En política, el único pecado que no se perdona es la falta de complicidad.»
Reflexión popular mexicana
Desde que la seleccionó, era previsible su encargo como vocera y tapadera del
jefe, era un destino inexorable al que estuvo anuente la corcholata triunfadora,
pues era la que mayor disposición a la sumisión había mostrado siempre.
El tiempo ha dejado en claro a qué se refería el supremo líder al definir así, con
ese desprecio, a los precandidatos, quienes buscaron “encabezar” al cada vez
menos inmaculado movimiento de regeneración nacional, simulando una
competencia interna que nunca lo fue, porque siempre se reafirmó el “es Claudia”,
con la presencia omnipresente diseñada por quien la eligió desde el inicio.
El asedio estadounidense con sus declaraciones respecto de la condición de
complicidad y coordinación, de relación simbiótica entre gobiernos y grupos
criminales en nuestro país; la declaración como terroristas para varios de estos
grupos; y ahora la solicitud de detención con fines de extradición de 10 personajes
del gobierno de Sinaloa con cargos criminales, son acaso el comienzo de
señalamientos conocidos en la vox populi, pero que adquieren dimensiones de
crisis estructural del grupo político dominante, que se comporta no como un grupo
político, sino como una Mafiocracia, discutida y señalada en los últimos años por
propios y ajenos.
Porque los señalamientos recibidos, no solo provienen de los descalificados
comentócratas, sino que surgen incluso desde dentro de su propio movimiento. El
caso sin duda más destacado, el del fallecido Porfirio Muñoz Ledo, quien realizó
señalamientos directos sobre los contubernios realizados, y la crisis de legitimidad
y legalidad que se alcanzaría.
Resulta vergonzoso escuchar el nivel de protección que desde la presidencia se
da a los señalados como delincuentes, a los que han sido puestos en jaque por
señalamientos durísimos. Al negar cualquier ápice de investigación, de revisión, se
perfila el nivel de compromisos que los atan, y más que eso, el nivel de disposición
de incluso poner en riesgo al país, con tal de proteger a los personajes que gozan
de los bonos de la fidelidad al proyecto que llaman de la cuarta transformación.
La estrategia presidencial es apoyar su defensa como cabeza de pandilla, en la
narrativa de que la protección de esos sujetos se equipara con la defensa de la
soberanía nacional, y lo triste es que sin duda hay quienes lo creen. El nivel de
persuasión para con muchos fieles es alto pero va cuestionándose cada vez más
al descubrirse los niveles de putrefacción de un clase política simuladora,
incompetente, corrupta, autoritaria y cada vez más cínica, en sus desplantes de
trascendencia histórica sujeta de verdades incuestionables que pierden carácter y
solvencia al no soportar el contraste entre el decir y el hacer.
La señora de la cabeza fría se encuentra descontrolada ante la realidad de sus
ataduras, de los credos incuestionables, ante la posibilidad real de llevar al país a
una crisis de mayores dimensiones, en lugar de realizar acciones que reviertan los
pactos de impunidad que nuestra nación no puede mantener como forma de vida.
DE LA BITÁCORA DE LA TÍA QUETA
Queda expuesta la austera realidad morenista veracruzana con su acuático héroe
improvisado desde el cínico lujo de sus diversiones.
