Desde el Café
Bernardo Gutiérrez Parra
El miércoles anterior en su conferencia mañanera, la presidenta
Claudia Sheinbaum aseguró que en 2025 se registró “la mejora más
significativa en la paz en al menos una década”, mejora que atribuyó
a la estrategia de seguridad impulsada desde el sexenio de Andrés
Manuel López Obrador y continuada en su administración.
La mandataria presentó el informe del Índice de Paz México 2026,
elaborado por el Instituto para la Economía y la Paz (IEP), el cual
reporta una mejora de 5.1 por ciento en los niveles de paz del país
durante 2025, además de una reducción de 22.7 por ciento en
homicidios, equivalente a cerca de 7 mil asesinatos menos respecto
al año anterior.
Sheinbaum sostuvo que el cambio comenzó en 2018 con la llegada
de López Obrador al poder. Y para no perder la costumbre, le arrimó
el caballo a Felipe Calderón al manifestar que durante su gobierno
los homicidios dolosos pasaron de 27 a 70 diarios.
En lo personal, no dudo de la veracidad del informe del IEP
(organismo fundado en Australia en 2007 por el empresario Steve
Killelea). Lo que no me cuadra son las acotaciones o apostillas que
la presidenta le hizo a ese informe.
¿Que la paz mejoró con la llegada de López Obrador? Futa, ¿en
dónde? ¿En Dinamarca?
Los números rojos del obradorato ahí están. Fríos como los
cadáveres de los 202 mil 336 hombres y mujeres asesinados de
manera cruenta en su sexenio. “La cifra más alta de homicidios
dolosos en la historia reciente de México”, según documentó en su
momento el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de
Seguridad Pública, que hasta la fecha no ha sido desmentido.
Mientras con Felipe se contabilizaron 55 asesinatos violentos cada
24 horas, con picos de 70 en los últimos días de su administración
(lo que era un escándalo), el promedio de homicidios diarios en el
obradorato fue de 94, con picos de 107 las últimas semanas de su
malhadado sexenio.
Que el IEP reportara una mejora de 5.1 por ciento en los niveles de
paz, qué bien. Aunque no era para que la presidenta echara las
campanas a vuelo. Sin embargo las echó. Sin ponerse a pensar que
aún falta un 94.9 por ciento para alcanzar la paz completa.
Y en medio de su euforia soltó frases que ya suenan vacías, huecas y
anodinas: “En nuestra casa manda el pueblo. No mandan otros…
México no es piñata de nadie”.
Pero soltó una que quedó para el registro: “Nosotros rompimos el
pacto criminal en 2018”.
¿Segura, señora? Porque la percepción de la raza es exactamente lo
contrario.
Mal, muy mal la debe estar pasando Claudia Sheinbaum
defendiendo a narcopolíticos por órdenes de su patrón, lo que la está
demeritando ante los mexicanos.
Mal, muy mal se vio al presumir un pinchurriento y mísero 5.1 por
ciento de paz que puede ser cierto, pero que no le da ni tantito así de
tranquilidad a una sociedad que a diario atestigua asesinatos,
secuestros, feminicidios, desapariciones forzadas y extorsiones.
Y pésimo que se haya visto obligada a darle crédito en ese “triunfo”
a un sujeto deleznable que pactó con el narco, que cedió a los
delincuentes más de un tercio del territorio nacional, que dejó en el
desamparo a 130 millones de mexicanos y que en lugar de pasar a la
historia como el mejor presidente, lo hará como lo que es: un traidor
a la patria y el capo de tutti capi de la narcopolítica nacional.
Qué pena por la doctora Sheinbaum y qué tristeza por este país.
bernagup28@gmail.com
