LAS ARENGAS DE ADANELY

Sep 16, 2026 | Columnas

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DE PRIMERA MANO

Por Omar Zúñiga
La ceremonia del Grito de Independencia, sin que parezca perogrullada, se
repite y se espera con verdadero entusiasmo año con año; las arengas se
repiten casi por inercia.
Sin embargo, hay Gritos que quedan marcados en la memoria del inconsciente
colectivo porque coinciden con un momento inédito.
La ceremonia que encabezó la noche del 15 de septiembre la presidenta
municipal de Poza Rica, Adanely Rodríguez, desde el balcón del Palacio
Municipal, pertenece a la segunda categoría, y no por la ceremonia en sí —que
siguió el guión de siempre, con las heroínas y héroes de la Independencia, la
plaza llena, la música y las luces— sino por dos nombres que, dichos juntos,
describen algo que México nunca había vivido: una mujer en Palacio Nacional y
una mujer en el Palacio de Gobierno de Veracruz, ambas ejerciendo el Poder
Ejecutivo por primera vez en la historia del país y del estado.


No se trata de defender lo indefendible, pero también hay que decirlo sin
reservas: el hecho de que la presidenta Claudia Shenibaum y la gobernadora
Rocío Nahle sean, por primera vez de manera simultánea, dos mujeres al
frente de los Ejecutivos nacional y estatal, pues nos guste o no, es un
acontecimiento histórico que trasciende cualquier filiación partidista, porque
además coincide, por supuesto, con el municipio de donde salió el Grito: Poza
Rica, también gobernado por una mujer.
No es un dato menor ni un simple giro protocolario en las arengas del Grito; es
la conformación de que algo estructural cambió en la manera en que México
organizaba su jerarquía de poder.
Dicho esto —y es aquí donde el análisis debe ir más allá del aplauso o la
descalificación automática—, la relevancia histórica de que dos mujeres
gobiernen nación y estado no exime a ninguna de las dos de la evaluación que
corresponde a cualquier gobernante, sin importar su género.


Celebrar el hecho inédito no puede convertirse en blindaje ante la crítica
legítima. Sheinbaum enfrenta un año de gestión federal con pendientes serios
en seguridad, economía y relación con Washington; Nahle gobierna un
Veracruz donde persisten, y esta misma columna los ha documentado semana
tras semana, el desabasto en hospitales de alta especialidad, la opacidad
municipal, el corredor naranja bajo sospecha y una fiscalización del gasto
público que avanza con más silencios que resultados. La historia que se hace
al llegar no sustituye la historia que se construye al gobernar.


Lo que sí merece reconocerse, sin cinismo, es el simbolismo que representa
para las niñas y jóvenes de Poza Rica —y de todo Veracruz— escuchar desde
el balcón municipal los nombres de dos mujeres al mando del país y del estado
en la noche más patriótica del calendario cívico mexicano.
Ese simbolismo es real y no debe minimizarse sólo porque quien lo pronuncia
forma parte del mismo proyecto político que ambas encabezan.
La pluralidad de las arengas —que en otros balcones del país también han
incluido nombres de oposición y de otros actores— es otro tema, uno que toca
directamente a la neutralidad que debería regir estos actos oficiales, pero no
invalida el hecho de fondo.


Poza Rica celebró a México la noche del 15; lo hizo con alegría y con un matiz
que, guste o no, quedará registrado como parte de esta etapa: la primera vez
que una alcaldesa gritó, desde un balcón veracruzano, los nombres de dos
mujeres que gobiernan simultáneamente a la nación y al estado.
Y no se puede dejar de reconocer a Adanely Rodríguez, que tiene la valentía
de reconocerlo, la tuvo para gritarlo y la ha tenido para gobernar Poza Rica.
¡Qué barbaridad!
deprimera.mano2020@gmail.com