APUNTES
Manuel Rosete Chávez
“Adán Augusto López es
solicitado por los EU”
Ramón Alberto Garza
El problema que ha venido generando la presencia del señor Roberto Ramos Alor,
al frente de la delegación del IMSSS-Bienestar, motivo por el cual todas las
clínicas y hospitales del sector salud de Veracruz carecen desde hace mucho
tiempo de insumos para curación, medicamentos en general y equipos para
cirugía, se podría encuadrar si los afectados se organizan, en la comisión de
crímenes de lesa humanidad cometidos como parte de un ataque generalizado y
sistemático contra una población civil, como los cometidos por Hugo López Gatell
cuando por su irresponsabilidad murieron miles de mexicanos víctimas del COVID.
Si sumamos la cantidad de veracruzanos que han muerto por falta de atención en
los hospitales del estado donde no encontraron medicina ni atención para salvar la
vida, ya deben ser cientos o quizá más si consideramos que solo en el CAE hay
una lista de más de mil pacientes que requieren ser operados con urgencia, pero
por falta de insumos y medicamentos ahí permanecen agonizando. ¿Cuántos no
han logrado sobrevivir a esta crisis que lleva ocho o nueve meses?
Y la amenaza de enfermar y no contar con un lugar donde nos atiendan crece ante
la falta de voluntad para atender el gravísimo problema. La conferencia de prensa
de la gobernadora Nahle de este lunes podría resumirse así: yo lo puse y no lo
pienso quitar; y del desabasto, no sabemos para cuándo habrá medicinas, les
guste o no les guste. Así que háganle como quieran…
Eso explica la actitud arrogante de Roberto Ramos Alor al salir envalentonado, al
día siguiente de ofrecer disculpas públicas, a acusar que quienes protestan por el
desabasto de medicinas y el abandono de los hospitales lo hacen por odio, envidia
y mediocridad.
Está claro que la culpa no es del “pobre pendejo” –mote que le endilgó el diputado
Héctor Yunes y que rápidamente se hizo viral por el encabronamiento de la gente-,
sino de quien lo puso y lo mantiene en el cargo.
Está claro que la enfermedad va a continuar. La medicina será la misma:
eufemismos, comunicados y desplantes, acompañados de plumas que sirven de
meretrices mediáticas de poca monta.
Pero para el gobierno se trata de una infamia partidista en víspera de las
elecciones; no ven las camillas en los pasillos, los pacientes que se van a sus
casas sin tratamiento, de las familias que han perdido su patrimonio para recibir
atención médica en hospitales públicos. La realidad les estallará en la cara cuando
comiencen a salir cifras de veracruzanos muertos por la falta de atención.
Intentan ignorar lo más grave. Lo que comenzó como un problema de abasto que
se ha convertido en una crisis de gobernabilidad: médicos, enfermeras, residentes,
trabajadores y familiares de pacientes salieron el pasado domingo a las calles de
Xalapa para denunciar la falta de medicamentos, insumos y equipo, e incluso
exigir la salida de Roberto Ramos Alor.
La culpa, entonces, no es solamente del tal Ramos Alor. La responsabilidad
política es de quien lo puso ahí, de quien lo ratificó y de quien, teniendo
información suficiente sobre lo que ocurre, decidió sostenerlo. Porque nadie puede
llegar a la administración pública por accidente. Mucho menos a una
responsabilidad relacionada directamente con la atención de la salud. Los cargos
públicos implican decisiones, resultados y consecuencias.
Y cuando esas consecuencias afectan a pacientes que no pueden recibir una
cirugía porque no hay insumos, o a médicos que tienen que trabajar sin las
herramientas indispensables, ya no estamos frente a un problema de imagen:
estamos frente a un problema de gobierno.
PREOCUPA LA DEFENSA “POLÍTICA” DEL SEÑOR
Lo verdaderamente preocupante es que la propia gobernadora
Rocío Nahle parece haber elegido la defensa política de su funcionario antes que
la defensa de los pacientes. A lo mejor es AMLO el interesado en mantenerlo ahí
como delegado de IMSSS-Bienestar perjudicando veracruzanos, esas cosas
escapan a nuestro conocimiento, puede ser.
Después de la marcha del domingo, en la que personal médico y ciudadanos
reclamaron precisamente por el desabasto, la gobernadora cuestionó la
participación de actores políticos y sostuvo que la movilización había sido
aprovechada por opositores. Al mismo tiempo reconoció que existe desabasto de
medicamentos e insumos.
Y ahí está el absurdo. Si existe desabasto, ¿por qué descalificar a quienes lo
denuncian?
Si los médicos están mintiendo, que se demuestre con medicamentos en los
almacenes, quirófanos funcionando y pacientes atendidos. Si la oposición está
manipulando una protesta, que se exhiban sus intereses. Pero si el problema
existe —y la propia gobernadora lo reconoce—, entonces atacar la marcha no
resuelve absolutamente nada.
Por el contrario, transmite una señal profundamente autoritaria: el gobierno parece
estar dispuesto a discutir quién tiene derecho a protestar antes que discutir por
qué los hospitales no tienen lo necesario para atender a los enfermos. Y lo más
grave es que esto ocurre después de meses de promesas.
Hace ocho meses se prometió resolver el desabasto. Hoy, la realidad demuestra
que la solución no llegó y que el problema, lejos de desaparecer, continúa
provocando suspensión de cirugías, reclamos del personal médico y una creciente
indignación social. En el CAE de Xalapa, trabajadores denunciaron precisamente
la falta de medicamentos, material quirúrgico e insumos básicos.
Y en su conferencia, la gobernadora volvió a reconocer el problema, pero no pudo
ofrecer lo que los pacientes y los trabajadores necesitan escuchar: una fecha
cierta para resolverlo. No hubo calendario, no hubo plazo, no hubo compromiso
concreto.
Después de ocho meses, la respuesta sigue siendo prácticamente la misma:
estamos trabajando en ello.
El problema es que un enfermo no puede esperar a que termine la burocracia; una
cirugía no puede posponerse indefinidamente; un médico no puede operar con
buenas intenciones; y una familia no puede pagar con desesperación los errores
administrativos de un gobierno.
¿SABEN QUIÉN ES ESTE POBRE…?
Hace 14 años, refugiado en una carpa sucia y desvencijada, Roberto
Ramos Alor recetaba tabletas genéricas de paracetamol a quienes formaban parte
del éxodo por la democracia.
Del Paseo de la Reforma a la Secretaría de Salud; de ahí a la Cámara de
Diputados y, después, nuevamente al sector sanitario, ahora como responsable
del IMSS-Bienestar en Veracruz. Una carrera que demuestra que en la política
mexicana la transformación también puede consistir en cambiar de escritorio sin
cambiar de problemas.
Su paso por la Secretaría de Salud dejó una serie de irregularidades por más de 3
mil millones de pesos, suficiente para llenar varias carpetas de investigación que
hoy están en proceso: contratos cuestionados, señalamientos por desabasto de
medicamentos, problemas relacionados con tratamientos de hemodiálisis,
controversias durante la pandemia, medicamentos oncológicos próximos a
caducar y una permanente confrontación con quienes se atrevían a señalar las
deficiencias del sistema.
Cuando los periodistas preguntaron por las irregularidades y el desabasto, el
secretario respondió con una frase que terminó convertida en marca registrada de
su estilo: “ningún chile les embona”. Cuando médicos cuestionaron las
condiciones durante la pandemia, algunos fueron calificados como “traidores a la
patria”; y cuando llegó el momento de comparecer ante el Congreso, hasta una
peculiar “limpia” en las instalaciones del Legislativo terminó formando parte
del vergonzoso anecdotario.
Pero detrás de la anécdota estaba lo verdaderamente importante: un sistema de
salud que no podía resolverse con ocurrencias, descalificaciones ni ceremonias,
porque cada deficiencia tenía nombre, rostro y expediente clínico.
El episodio de los medicamentos oncológicos fue particularmente grave por la
sensibilidad del tema y por el impacto que tuvo entre familias de niños con cáncer.
¡Vaya, ni siquiera Cuitláhuac García fue capaz de sostenerlo! En mayo de 2022
Ramos Alor dejó la Secretaría de Salud, en medio de una crisis que había
deteriorado severamente la percepción pública de su gestión. Oficialmente hubo
explicaciones administrativas y personales; políticamente, sin embargo, su salida
quedó inevitablemente asociada con la crisis sanitaria que atravesaba Veracruz.
Uno habría pensado que semejante antecedente sería suficiente para cerrar el
capítulo. Pero no en el pantano maloliente de la cuarta transformación.
En 2024 llegó a la Cámara de Diputados y, un año después, regresó al sector
salud como coordinador estatal del IMSS-Bienestar. Es decir, el funcionario que
había abandonado la Secretaría de Salud después de una gestión plagada de
cuestionamientos volvió a recibir la responsabilidad de conducir los servicios
médicos de los veracruzanos. Y entonces ocurrió lo que quizá resulte más
incómodo para quienes defienden su permanencia: la historia comenzó a
repetirse.
Otra vez los reclamos por medicamentos e insumos; otra vez los trabajadores
denunciando carencias; otra vez la confrontación con quienes cuestionan el
funcionamiento de los servicios. En 2026, ante las denuncias por desabasto,
Ramos Alor habló de un “ridículo montaje” y posteriormente calificó algunos
reclamos como parte de una “campaña de odio”.
El problema de estas respuestas es que un medicamento faltante no puede ser
montaje, una cirugía suspendida no puede ser propaganda y un médico que
reclama material para operar no puede convertirse automáticamente en adversario
político.
La realidad hospitalaria tiene la mala costumbre de ser mucho más obstinada que
cualquier discurso oficial.
Y llegó septiembre de 2026, con una frase que terminó de incendiar la discusión:
“si no quieren operar, no operen”, pronunciada en el contexto de reclamos de
médicos residentes por la falta de medicamentos, materiales e insumos para
realizar procedimientos quirúrgicos.
La dimensión del episodio quedó demostrada cuando el propio IMSS-Bienestar
tuvo que deslindarse de las declaraciones y dejar claro que no representaban la
posición institucional, mientras el funcionario posteriormente ofrecía
una hipócrita disculpa.
A ello se suman señalamientos periodísticos sobre posibles prácticas de
nepotismo o doble percepción, así como observaciones y procedimientos
relacionados con el ejercicio de recursos públicos durante su etapa al frente de la
Secretaría de Salud, asuntos que deberán ser investigados y, en su caso,
acreditados por las autoridades competentes, porque una acusación no constituye
una sentencia y una observación administrativa tampoco equivale por sí misma a
una responsabilidad penal.
Roberto Ramos Alor no puede reclamar que se le juzgue únicamente por sus
frases, porque el verdadero problema no son sus frases; las frases solamente han
terminado revelando una forma de entender el ejercicio del poder.
Hoy muchos veracruzanos están pagando con la vida la soberbia de unos y la
incompetencia de otros. Esa es la verdadera tragedia sanitaria en Veracruz.
REFLEXIÓN
No estaría nada mal que los encargados de colocar los templetes que el gobierno
ocupa para trepar a los grupos musicales que dan circo a los xalapeños, tomaran
un cursito para que hagan sus trabajos lo más rápido posible sin afectar tanto a
quienes tenemos la necesidad de cruzar por el primer cuadro de la ciudad. Para la
noche del grito que fue el martes comenzaron desde la madrugada de el sábado
bloqueando el paso y terminaron la madrugada de ayer porque hubo desfile.
Entiendan por favor: son gobierno, administradores de nuestros impuestos, no
dueños de nuestras ciudades y nuestras vidas. Escríbanos a
mrossete@yahoo.com.mx | formatosiete@gmail.com
