Desde el Café
Bernardo Gutiérrez Parra
Miguel Ángel Yunes Márquez ni es el primero ni será el último
político mexicano que se largue de viaje a donde le plazca, beba y
coma lo que se le antoje y se hospede en hoteles de cinco estrellas de
los que hay por racimos en Europa. Es lo normal en estos tiempos de
austeridad republicana de la 4T.
Pero a diferencia de los Monreal, Mario Delgado, Andy López
Beltrán, Fernández Noroña, Zenyazen Escobar, Ramírez Zepeta y
Gómez Cazarín que se hicieron multimillonarios ya mayorcitos,
Miguel Ángel nació en pañales de seda, Santa y Los Reyes le
trajeron los mejores juguetes y asistió a colegios de excelencia
gracias al bizarro esfuerzo laboral de su papá. Por eso puede darse
esos lujos casi con la conciencia tranquila.
Sin embargo, la raza de bronce que no perdona, lo exhibió en las
redes degustando buenos platillos y mejores vinos en un exclusivo
bar de Madrid. Para colmo, alguien dijo que tiene 95 faltas
acumuladas en el Senado, el dato se hizo viral y todo en conjunto
enfureció al joven cincuentenario.
Rayando en lo altanero, Yunes Márquez envió una misiva de cinco
puntos “a los ciudadanos que me eligieron y a mis compañeras y
compañeros Senadores” donde niega lo de las 95 faltas; dice que si
la semana anterior estuvo en Madrid fue porque no hubo sesión en el
Congreso, que el viaje lo pagó con sus recursos, que el bar donde
estuvo no es tan exclusivo como dicen. Y que si va constantemente a
Nueva York es para tratarse un problema en un oído.
En fin, puras salidas al estilo de la 4T, pero el quinto punto es el más
interesante.
Tras señalar que algunos “periodistas” (así entrecomillados) no
tienen ninguna limitación para mentir, ofender e inventar, los acusa
de que “Tienen una fijación contra mi porque he apoyado y seguiré
apoyando a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, quien también
es objeto de las agresiones cotidianas de quienes siguen dolidos por
haber perdido sus privilegios”.
Futa…
Para empezar, no tenía por qué meter a la señora en sus arguendes,
pero lo hizo. Por cuestión de protocolo partidista, Claudia se tomó
una foto con él y con Adán Augusto López después de que Miguel
Ángel votara a favor de la reforma al Poder Judicial. Pero desde
entonces el distanciamiento de la mandataria con el senador ha sido
muy marcado. Que dijera que la seguirá apoyando sonó a vil
lambisconería.
Por otra parte, hay una diferencia abismal entre quienes critican al
gobierno de Sheinbaum y quienes lo atacan a él. Estos últimos no
son periodistas (ni sin comillas ni entrecomillados), sino ocho
millones de veracruzanos y ve tu a saber lector cuántos millones de
mexicanos, que no le perdonan haberlos traicionado al votar por la
reforma judicial.
Como cruel paradoja, quienes lo repudian como a sus pecados son
los morenos que no lo quieren en sus filas “por traidor, aunque su
traición nos haya ayudado”.
Uno de ellos me dijo ayer después de leer la misiva: “Aquí el asunto
no es saber que Yunes Márquez se largó a España y derramó unos
cuantos miles de euros sobre las arcas madrileñas, sino el cinismo y
desfachatez con la que se conduce un traidor de su calaña. Con el
dinero que tiene debería hacer un partido, pero que no nos joda a
nosotros porque no le daremos nada. Nada de nada”.
Salvo tu mejor opinión lector, soy de los que piensan que Yunes
Márquez terminará su carrera política en 2027 cuando deje la
senaduría y tenga 51 años. Pero le quedará el resto de su existencia
para vivir como lo que es: un traidor a quienes votaron por él, al
partido que lo postuló y a su patria.
bernagup28@gmail.com
