Sin tacto
Sergio González Levet
Hay una enfermedad mórbida en México que nos afecta de una manera que por lo
general no se quiere reconocer. Es el Síndrome de Demencia Senil (SDS), que en
México padecen un millón 300 mil personas, cerca de 1% de la población total y
poco más de 7% de los adultos mayores.
¿Quiénes sufren este tipo de mal? Personas de 65 años en adelante. Sobre
todo, ocurre en individuos que no han tenido una buena actividad mental, lo que
implica que hayan realizado estudios, adquirido conocimientos, y se esforzaran
diariamente en tener pensamientos complejos.
¿Qué es la DS? “Es un síndrome que se caracteriza por una disminución
progresiva de las funciones cognitivas, como la memoria, el razonamiento y la
capacidad de comunicación, debido al envejecimiento natural del cerebro.”
Hay que señalar que el SDS se amplía hacia varias funciones orgánicas y
motoras del organismo, y afecta el estado físico de la persona.
¿Cómo se integra el síndrome de esta enfermedad?
Los síntomas más notorios de la DS son:
- Pérdida de memoria. La persona empieza a tener olvidos que no se limitan a
dejar de recordar un nombre o perder objetos, sino que llegan al nivel profundo de
la conciencia (el “ello”, le llamaba Freud). Así que se abandonan valores morales,
cuidados higiénicos, comportamientos de urbanidad. - Dificultad de hacer tareas cotidianas. Para el enfermo del SDS, la vida diaria
y normal se vuelve un tormento, porque desarrolla una creciente incapacidad para
mantener sus hábitos domésticos, sociales y laborales (en caso de que aún no se
haya jubilado), que terminan por convertirlo en un ser inútil. - La DS ocasiona una sensible irritabilidad, que convierte al paciente en un
viejito iracundo, que se enerva ante cualquier comentario, y se vuelve una persona
grosera y hasta violenta. Aunado a ello, transita del empecinamiento a la necedad
más intolerante. - Depresión. Junto a lo colérico, el paciente tiene periodos de depresión, que lo
llevan a estados de postración y la ausencia total de la capacidad de tomar
decisiones. - Dificultad para interactuar. El enfermo va perdiendo sus habilidades de
comunicación. En el caso del lenguaje, empieza a hablar con gran lentitud, tiene
periodos reiterados de silencio y reduce sensiblemente su léxico, por lo que repite
constantemente términos, en especial adjetivos y verbos. - Aunado a los problemas de lenguaje, hay una pérdida efectiva de la
capacidad de razonar con claridad. - Y en lo físico, se presentan temblores, dificultad al caminar, rigidez
muscular… y graves problemas por la falta de control de los esfínteres anales y el
uretral.
Seguramente usted reconoce el caso de alguna persona antes poderosa, que
hoy padece esos achaques, aunados al miedo cerval de ser apresado como
Maduro.
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