Entre Columnas
Martín Quitano
Sabemos que mienten.
Ellos saben que mienten.
Ellos saben que nosotros sabemos que mienten.
Nosotros sabemos que ellos saben que nosotros sabemos que mienten.
Y, sin embargo, persisten en mentir.
Alexander Solzhenitsyn
Resulta contradictoria, por lo menos, la grotesca farsa montada en el Consejo
Nacional de Morena para la elección de la nueva dirigencia. Sonrieron llenos de
alegría, levantaron los puños emocionados, gritaron consignas con fervor para
reforzar la simulación del nada pasa, del todo está bien, allí mismo con
exclamaciones de respaldo al impresentable Rocha Moya, no hay nada de qué
preocuparse que no sea la próxima elección y el armado de las estructuras
electorales que operen la continuidad de este gran partido. Ahí se festejó la
renovación que vendrá con la nueva dirección electa por una unanimidad impuesta
por dedazo en un partido acostumbrado a la decisión de uno.
Sin procesos democráticos, sin autocrítica, sin evaluaciones internas de las
condiciones y contextos en las que se encuentran ellos y el país que gobiernan, les
llevó 16 minutos la determinación de su nueva dirigencia, repitiendo las viejas y
descompuestas rutas autocráticas mostradas un día sí y otro también.
En un consejo nacional obediente, acrítico, uniforme hasta la ofensa, de discursos
huecos, donde los lugares comunes son las mentiras convertidas en mantras que
proclaman, de su honestidad valiente, con la cual impedirán que “lleguen” más
corruptos, o personajes que puedan estar ligados a malas prácticas, ha de ser
porque ya no caben más. Claman la unidad a toda costa ya no para defender
principios como lo dicen, sino para defender los intereses de la cúpula,
principalmente los que resultan de sus actos corruptos, arbitrarios e impunes.
Solo se entiende lo anterior, en la amplia y profunda dimensión que alcanza, cuando
se escuchan los discursos presidenciales desprovistos de mesura o cuidado político.
No, al contrario, con el poder que ostentan, optan por doblar la apuesta y se atreve a
pronunciar sin rubor la reiterada narrativa que pareciera insostenible: “donde antes
había corrupción, hoy hay honestidad; donde antes había desigualdad, hoy hay
igualdad; donde antes se construían barreras, hoy se construyen puentes”,
atribuyendo dichos resultados a la gestión de su jefe, López Obrador. Dijo esto, en
un afán de mostrar virtudes que no se encuentran por ninguna parte, apenas unos
días después de que EUA acuse por vínculos con el crimen organizado a un
gobernador, un senador, un alcalde, un fiscal y otras 6 personas morenistas más,
solicitando su detención con el fin de extradición.
Porque el encargo y el reto mayúsculo que tiene la presidencia, no es gobernar y
desarrollar un país, sino consolidar la construcción mafiocrática de las cúpulas
morenistas y sus aliados en la sombra. Por eso no se comporta como Jefa de
Estado, sino como vocera, cabeza visible de la camarilla en el poder, comandada
por ya saben quién. Por eso cuando solicita la unidad nacional se dirige a su público
cautivo, solo en torno a sus proyectos, a su modalidad de patria uniforme,
representada, encapsulada, que escucha y acata las determinaciones que salen
desde las tierras de Palenque. Y para que no haya confusiones, acude
personalmente el fin de semana en una gira no programada, despejando las dudas
sobre quién realmente manda dentro de la fuerza de poder y gobierno hegemónico
en el país.
La narrativa presidencial reitera de manera cínica la defensa de sus correligionarios,
, como referentes de su defensa del pueblo, su pueblo bueno, mintiendo
aparatosamente ante el conocido mal comportamiento de todos los señalados,
postulando como escudos conceptos como verdad, justicia y soberanía.
La defensa de la soberanía, de la dignidad también esgrimida, acotadas a la
pandilla; la unidad nacional que no mira a todos sino solo a quienes su subordinen;
los puentes solo para los que se miren y escuchen como ellos, la verdad como esa
que se establezca en la sumisión a la que ellos poseen indiscutible y la justicia
entendida como el solapamiento de sus triquiñuelas, argumentando un estado de
derecho que no aplican para todos, sino solo para su corte.
Lejos muy lejos estamos de una clase política democrática que se reconozca en la
pluralidad, la tolerancia y el diálogo. Toca mirar la dura realidad de las máscaras y
las hipocresías que se entienden con los contubernios de los intereses facciosos
que, en el caso mexicano, tienen un solo líder autócrata con nombre y apellido.
DE LA BITÁCORA DE LA TÍA QUETA
En México debe ser prioridad la salud mental de nuestras niñas, niños y
adolescentes, porque es otro tema en el que vamos mal.
