Héctor Yunes Landa
En mi tierra, en la zona cañera del centro del estado, en tiempo de zafra los productores suelen quemar el cañal para facilitar el corte. Cuando la lumbre las amenaza, las alimañas huyen despavoridas de su madriguera. Algo similar parece estar pasando en México, en una zona llamada Palenque.
Aunque así lo diga la carta que dio a conocer la semana pasada, la reaparición del expresidente López Obrador no es un acto de solidaridad con la presidenta Sheinbaum, tampoco es un llamado a la soberanía nacional y mucho menos un consejo de buenos amigos al presidente Trump.
Es la carta del miedo. Pero ¿a qué teme el expresidente?
A que la presidenta Sheinbaum no resista la presión de Estados Unidos y que la población pierda la confianza en el movimiento; a que la justicia estadunidense lo alcance a él y a su familia, como muy pronto podría suceder con su círculo político más cercano.
La propia carta lo confirma. Acusa que con el simple señalamiento de narcoterrorista o de representar una supuesta amenaza para la seguridad de Estados Unidos, se cuenta con licencia para secuestrar, cazar y ajusticiar de manera extraterritorial a cualquier persona sin pruebas, juicio o sentencia alguna.
Pero ¿acaso no son los mismos tribunales que llevaron a juicio a García Luna los que ahora reclaman la detención y extradición del gobernador prófugo de Sinaloa?
¿Por qué antes se trató de un acto de justicia y ahora de “ajusticiar de manera extraterritorial”?
En uno de sus párrafos, la carta parece ocultar una confesión involuntaria: “Confían en que podrán engañar de nuevo a muchos ciudadanos estadounidenses con la táctica propagandística hitleriana de repetir y repetir mentiras, con miras a las próximas elecciones de noviembre, para seguir culpando a México de todos y cada uno de sus males.”
López Obrador sabe de lo que habla. Su movimiento ha engañado a millones de mexicanos con la misma táctica propagandística de repetir mentiras, culpando a los gobiernos del pasado de todos y cada uno de los males actuales. Hipocresía pura.
Desde que dejó la presidencia, no obstante su compromiso de no meterse en cuestiones políticas –“ni siquiera de mi partido, me retiro por completo”-, ha hecho cuatro apariciones públicas, todas para alimentar el culto a la personalidad.
Primero fue el llamado a votar en la elección judicial, la más radical de sus venganzas; más tarde reapareció en redes sociales para promocionar su libro titulado Grandeza, rodeado de pollos, pavorreales y guajolotes.
En enero de este año condenó la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela para capturar a Nicolás Maduro y dos meses después apareció para organizar una coperacha para Cuba porque el dinero que regala el gobierno mexicano ya no alcanza para sostener la dictadura.
Sin embargo, la carta también podría ocultar un mensaje desafiante: López Obrador saldrá de La Chingada para ser el jefe de campaña de Morena en la elección federal de 2027, incluyendo la de su propio hijo.
Los propósitos son claros: movilizar a sus simpatizantes como mecanismo de protección ante un eventual juicio; recuperar el liderazgo que la presidenta ha perdido y tratar de mantener la mayoría en el Congreso. Para eso ha salido de la madriguera.
¡Por el bien de todos, que no regrese López Obrador!
La puntita
El gobierno de Veracruz celebró el Día de la Libertad de Expresión pidiendo el despido de periodistas y criminalizando a la periodista Roxana Guzmán, quien, en la narrativa oficial, pasó de víctima a delincuente.
