SE VA EL ESPURIO…¿Y LUEGO?

Sep 8, 2026 | Columnas

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Sin tacto – Sucesión UV (48)

Por Sergio González Levet

En el colmo de la desfachatez, Martin Aguilar está a punto de presentar una
renuncia espuria a su espurio puesto de rector espurio de la Universidad
Veracruzana.
El chiste se cuenta solo. Ahora resulta que todo el tinglado ilegal que le
montaron para que siguiera al frente de la casa de estudios fue únicamente para
que completara los cinco años en el cargo necesarios para que pudiera cobrar,
como jubilado y para lo que le queda a su funesta vida, los 180 mil pesos que
cobra como sueldo mensual.
Cierto, la normatividad universitaria lo prevé y no es una incorrección legal, pero
sí es más de condenar que Martín desdore el alto puesto que detenta con sus
tremendas faltas de congruencia:

  1. La Cuarta Transformación tiene como divisa que ningún funcionario gane
    más de los 134,290 pesos netos mensuales que recibe la Presidenta de la
    República, y el desmemoriado historiador se pasa ni más ni menos que por 45,710
    pesos.
  2. Con ese ingreso en efectivo y las facilidades adicionales que recibe como
    Rector (vehículo de lujo, chofer, asistentes, teléfono celular, gastos de
    representación), Martín desdeña el principio de austeridad que pregona Andrés
    Manuel López Obrador y que a tantos de sus seguidores y parientes les cuesta
    tanto guardar.
  3. Con esta apresurada huida, difícil le será a Martín convencer a la comunidad
    universitaria -agraviada por las ilegalidades cometidas para que permaneciera en
    el puesto- que tenía intención de continuar en el rectorado para consolidar los
    proyectos que había echado a andar durante los primeros cuatro años de su

mandato, como dijo tantas veces cuando la Junta de Gobierno lo impuso de
manera arbitraria.
Martín, lo dicen muchos de sus conocidos y examigos, es un universitario
mediocre, con pocas luces intelectuales y sin ningún carisma. Con esos atributos
al revés, difícilmente podría sentirse cómodo sentado en la silla de Rectoría, en la
que se veía obligado a mandar sin vocación, a planear sin talento y a encabezar
sin ningún liderazgo.
Aceptó estar un año más en el incómodo cargo solamente por la ambición del
jugoso sueldo jubilatorio, que de ninguna manera se merece moralmente, después
del desastre en que tiene colocada a nuestra Universidad; desastre en lo
académico, en lo financiero y en el desprestigio ante la comunidad estatal,
nacional e internacional.
Lo que se teme es que a la salida del Rector espurio, la sedicente Junta de
Gobierno vuelva a pisotear los estatutos y la ley universitaria, y ponga en su lugar
a una persona que no merezca la distinción y que no sea aceptada por la
comunidad de la máxima casa de estudios de Veracruz.
Como que ya estuvo bueno de tantas ilegalidades.