OOCIEDAD ANÓNIMA
Ramón Alberto Reyes Viveros
30 de octubre de 2026
El altar que estaba haciendo falta… y el periodista y amigo que hoy me falta
Hay fotografías cuyo significado cambia con el paso del tiempo. Permanecen intactas, pero nosotros ya no las miramos de la misma manera.
La imagen que acompaña estas palabras fue tomada en octubre de 2022. Aquella vez documentaba el altar que levantamos en memoria de comunicadores y periodistas fallecidos. Hoy, al contemplarla nuevamente, no pienso primero en quienes aparecen retratados, sino en un hombre que llegó a visitarlo, reconoció a muchos de sus antiguos compañeros y después escribió sobre lo que aquella experiencia le había hecho sentir.
Ese hombre era mi querido amigo Bernardo Gutiérrez Parra.
El 31 de octubre de 2022 publicó en su columna Desde el Café un texto al que llamó El altar que estaba haciendo falta. Había acudido por invitación de la dirigencia estatal 2019-2023 del PRI en Veracruz, de mis colaboradores y mía propia, y encontró en aquella ofrenda los rostros de reporteros, fotógrafos, columnistas y comunicadores con quienes había compartido distintas etapas de su vida profesional.
Cuatro años después, el título de aquella columna vuelve a mí con un significado dolorosamente distinto. El periodista que entonces escribió para recordar a sus compañeros es hoy quien me hace falta.
Bernardo nació en Tuxpan, ciudad a la que regresaba constantemente en sus conversaciones y en sus textos. Ahí estaban sus primeros recuerdos, su familia, las celebraciones de Todos Santos y muchas de las historias que ayudaron a formar su mirada sobre Veracruz.
Su carrera periodística tomó rumbo en la Ciudad de México. Trabajó en medios nacionales como Excélsior, El Sol de México y Novedades, dentro de redacciones en las que cada dato debía defenderse, cada palabra tenía consecuencias y cada cierre representaba una prueba para reporteros y editores.
Su paso por Excélsior lo acercó a una de las tradiciones más importantes de la prensa mexicana. Tuvo como mentor al periodista tuxpeño Miguel López Azuara, uno de los personajes a los que recordaba en nuestras conversaciones.
En sus pláticas también aparecían otros dos paisanos suyos: Demetrio Ruiz Malerva, político, legislador y periodista, y Jesús Reyes Heroles, figura indispensable para quienes hemos crecido y disfrutado del quehacer político, y a quien los veracruzanos reconocemos con orgullo como nuestro paisano nacido en Tuxpan.
Esa formación y esas referencias siempre estuvieron presentes en su escritura.
El maestro poseía algo que no se adquiere con facilidad: memoria periodística. Sabía que los acontecimientos públicos no comienzan el día en que aparecen en los titulares y que, para comprenderlos, es necesario rastrear nombres, decisiones, antecedentes y consecuencias.
Por eso sus columnas no se agotaban en el episodio inmediato. Miraba detrás de la declaración, recordaba lo que otros habían dicho, comparaba conductas y encontraba conexiones que podían pasar inadvertidas para un observador apresurado.
Coincidí con él cuando trabajaba en Milenio-El Portal, en Xalapa. Fue ahí donde lo conocí.
Desde entonces le dije don Bernardo y comencé a llamarlo “la fina pluma de Veracruz”.
No era un elogio circunstancial. Era la forma más precisa que encontré para describir su escritura. Bernardo podía formular una crítica severa sin maltratar el lenguaje; recurrir a la ironía sin convertirla en estridencia, y explicar un asunto complejo con una prosa limpia, ágil y com…
