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Sep 17, 2026 | Columnas

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KAIRÓS

Francisco Montfort Guillén

A septiembre le llaman el mes patrio. Contiene fechas simbólicas de la construcción de México como nación independiente. Nacimiento difícil que tuvo una primera época sin concordia y llena de diferencias, repleta de disputas de los recién nacidos, que no sabían qué hacer con un país inmenso que había sido la Reina de la Corona española, sin duda su más importante y fructífero Virreinato. De esa época naciente, procede la causa central que explica la pérdida de la mitad del territorio heredado a manos de la naciente potencia y vecino incómodo: la carencia de un Estado central fuerte, con instituciones clave para administrar, en alianza con la sociedad, las inmensas riquezas heredadas. Nada de estas taras se recuerda con la seriedad de una nación adulta que sabe aceptar sus errores.

El primer Estado digno de ese nombre lo estableció Porfirio Díaz, antes héroe y desde las luchas de Madero, el villano favorito de la izquierda mexicana. Aunque fuera él quien estableció la fecha definitiva de celebración de la Independencia mexicana, el monumento más importante para recordarla y la primera gran industrialización del país bajo el credo liberal de la época y finalmente bajo la dictadura de su gobierno que parecía eterno.

Borramos partes de nuestra historia para recordar e imponer a las nuevas generaciones una fecha idealizada olvidando frases importantes lanzadas por el cura Hidalgo el día de su proclama. Ajustes de un Grito de Independencia que adopta modalidades desde el sexenio populista de Luis Echeverría y que ha llegado a la parodia con el gobierno de Claudia Sheinbaum, persona tan alejada de los sentires de la raza de bronce debido a su educación, estilo de vida e ideología. Triste celebración entre rechiflas de desaprobación e insultos que, aunque no se escucharan con nitidez desde el balcón presidencial, si escalaron las alturas para que fueran escuchados por millones de mexicanos.

Y desde luego que no está mal recordar el nacimiento de la Nación con el recordatorio a nombre de la Patria, concepto que encierra en sus seis letras el simbolismo sagrado del padre en conjunto con la madre: raíz masculina y significado materno para millones de mexicanos tan proclives a festejar a la madre y denostar al padre,

Pero por toda la república hoy destrozada por el gobierno de Morena se escuchan gritos desgarradores. Dolores, desgarramiento de sentimientos, lamentos, mentadas de madre, reclamos éstos sí surgidos desde lo más profundo del ser mexicano, de sus sufrimientos, de sus desamparos, de sus desamparos. Aunque para ellos no hay consuelos, ni atención a sus quejas, cuidados para sus heridas, remedios para sus males.

Nadie del gobierno escucha los dolorosos reclamos de las madres buscadoras. O los gritos de dolor de los bebés muertos en Sinaloa. O los gritos agudos que provoca el cáncer en los pacientes que no tienen medicamentos o que no pueden ser operados por falta de insumos. Menos aún atienden los gritos por las muertes silenciosas de estudiantes y maestros que se ahogan en la mediocridad del rendimiento escolar. Pasan si hacer ruidos las maldiciones de quienes solo encuentran trabajos en el mercado de la informalidad. Todos los dolores de la sociedad les son ajenos a una presidente que no solo tiene la mente fría para tratar a Trump sino el corazón para ejercer la comprensión de los mexicanos que sufren los dos peores gobiernos desde la época triunfante de la llamada Revolución Mexicana. Así van los compatriotas, como almas en pena, que ya no tienen fuerza para lanzar y alcanzar los desesperados y dolorosos gritos de la Llorona. Desesperanzas apenas tratadas con los curitas de las pensiones que cada día remedian menos carencias comidas por la inflación y cada día atan más las libertades de los mexicanos que buscan un mejor porvenir y condiciones de vida familiar dignas de ser vividas,

francisco.montfor@gmail.com