LÁZARO CÁRDENAS, 1934-1936

Ago 25, 2026 | Columnas

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Sin tacto

Por Sergio González Levet

La historia oficial, muy dada a deshumanizar a nuestros protagonistas y subirlos al
pedestal del Olimpo, contempla al general Lázaro Cárdenas -quien dio cuerpo a la
dictadura perfecta del PRI- como un héroe impoluto, como un semidiós alejado de
las emociones y las tribulaciones de los humanos comunes y corrientes.
Pero fue un hombre como todos, excepcional en varios sentidos, pero nada
ajeno a su condición humana («Homo sum, humani nihil a me alienum puto»,
«Hombre soy; nada de lo humano me es ajeno», Publio Terencio Africano).
Y como un individuo moldeado por sus pasiones y sus limitaciones, cuando
tomó posesión como Presidente de la República el 1º de diciembre de 1934 era
considerado un títere más del Jefe Máximo, Plutarco Elías Calles, quien había
impuesto y controlado a Emilio Portes Gil (1928-1930), Pascual Ortiz Rubio (1930-
1932) y Abelardo L. Rodríguez (1932-1934).
El Turco eligió al joven general para que fuera el primer presidente sexenal
porque confiaba en que tenía capturada su voluntad política, pero como buen
dictador desconfiado, para mantener su lealtad le impuso prácticamente a todo su
gabinete, lo que se sumaba al hecho de que los gobernadores del país estaban
bajo su influencia, entre ellos su propio hijo Rodolfo Elías Calles Chacón, quien
estaba al frente del Ejecutivo en Sonora y fue nombrado Secretario de
Comunicaciones y Obras Públicas por Cárdenas.
La verdad histórica que cuentan los libros oficiales dice que don Lázaro se
enfrentó a Calles desde el primer día de su mandato, pero lo cierto es que fue un
sumiso colaborador suyo y le tomó año y medio de su presidencia quitarse de
encima la bota del nacido en Guaymas.

Parte sustancial del ascenso en el control tenía que ver con el poder de los
militares, que seguían bajo la égida de don Plutarco. Ahí hizo una labor
inconmensurable de convencimiento en favor de Cárdenas un general prestigiado
de la Revolución Mexicana, el veracruzano Heriberto Jara Corona, quien era su
mentor, había sido su protector y apenas había logrado sobrevivir políticamente
durante el Maximato por la mala voluntad que le tenía Elías Calles.
Parte fundamental fue también don Heriberto en la Expropiación Petrolera de
1938, quien cuando fue Gobernador (1924-1927) había enviado a don Lázaro a la
Huasteca veracruzana para poner orden y enfrentarse a las compañías petroleras
extranjeras.
El presidente Lázaro Cárdenas tardó los primeros 16 meses y 10 días de su
mandato (1º de diciembre de 1934 al 10 de abril de 1936) en tomar el control del
Gobierno de la República y en hacer acuerdos con la mayoría de los generales y
los gobernadores para que lo aceptaran como el líder de las instituciones
nacionales.
Con eso en mente, se puede afirmar que no es tan fácil quitarse de encima la
influencia de un caudillo empoderado, aunque es posible hacerlo.
¿Entendieron?

sglevet@gmail.com