Desde el Café
Bernardo Gutiérrez Parra
De los tres Mundiales futboleros realizados en nuestro país, este será
el primero hecho sobre las rodillas. Ayer y a menos de 24 horas de
la magna inauguración, todo se hacía de prisa y al trancazo en la
CDMX. “A ver tú píntale aquí, tú resánale allá, ustedes bacheen más
allá”. Todo era agitación y estrés y hoy de seguro será igual a
minutos del silbatazo inicial.
Pero las cosas hechas a la carrera generalmente salen mal.
Hace unos días la presidenta Sheinbaum inauguró la primera fase de
remodelación integral del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de
México (AICM) “para dar la mejor de las impresiones a nuestros
visitantes”. Pero no habían pasado ni 48 horas cuando ¡sopas!, se les
cayó una parte del techo.
La ciudad es un enorme escándalo no sólo por su excesivo parque
vehicular, sino por la serie de obras que se están haciendo a
contrarreloj y bajo los aguaceros de junio.
Ayer cuando faltaban menos de 24 horas para que comenzara a
rodar el balón en el Estadio Banorte, el caos en la calzada de Tlalpan
estaba en su punto más álgido. La calzada es una de las poquísimas
vías rápidas que tiene la ciudad y conecta con el Estadio, pero se ha
convertido en vía lenta debido a la construcción de una ciclopista
que aún no queda al 100 por ciento.
¿Una ciclopista en una vía rápida? Sí. ¿Y a quién se le ocurrió
semejante babosada? Quién sabe, pero sería cuestión de preguntarle
a la jefa de Gobierno, Clara Brugada que ajolotizó parques, jardines,
calles, avenidas, edificios públicos, paredes y viaductos a los que les
agregó el color morado más feo que se encontró.
Ya encarrerada ordenó que pintaran también de morado las
barandillas viales que hay sobre puentes y pasos peatonales, hasta
que le dijeron que estaba cometiendo un delito de carácter
internacional porque el color amarillo es una protección mundial
para los peatones. Y órale, a quitar el morado y reponer el amarillo,
lo que le costó millones de pesos a los capitalinos.
Si por el lado de la Jefatura de Gobierno todo se fue dejando para
después, por el lado de la presidencia también hubo desidia. Y ya
hay consecuencias.
El año anterior Claudia Sheinbaum tuvo todo el tiempo del mundo
para dialogar con los chantajistas maestros de la CNTE y pedirles
que al menos en mayo, junio y julio de este año se abstuvieran de
poner patas arriba a la CDMX.
Unos cuantos millones de pesos hubieran solucionado el problema,
pero los mandó al diablo. Por lo que quizá no tarden en llegar al
Estadio armados de palos, piedras, martillos y lo que puedan a
manifestarse “pacíficamente” y cantarle la bronca a los policías, con
la seguridad de que no les harán nada porque los gobiernos de la 4T
no son represores.
Claudia tampoco ha tenido tiempo de escuchar y atender a los
transportistas que piden seguridad en carreteras porque la
delincuencia está matando a 100 de ellos cada año. Tampoco ha
querido hablar con los campesinos a los que la 4T ha abandonado
más que otros gobiernos en 90 años.
Ni con los pensionados de Pemex y la CFE satanizados por la propia
presidenta que los acusa de recibir “pensiones doradas”. Ni con los
colectivos preocupados por el medio ambiente, los menores
maltratados y las mujeres violentadas.
Claudia no se ha dado unos minutos para recibir al personal del
sector Salud que desde el 2019 carecen de todo y les niegan todo. Y
menos para las madres buscadoras de 132 mil hijos e hijas
desaparecidos.
Nada le costaba recibirlos, escucharlos, palmearles el alma con una
promesa y tomarse la foto. Pero no lo hizo y a estas horas ya deben
estar llegando o ya llegaron a Santa Úrsula.
¿A tomar el Estadio?
Uno de los manifestantes dijo ayer. “No vamos en plan de camorra,
ni a tomar el Estadio. Vamos a decirle al mundo que los gobiernos
de la 4T nos tienen sin medicamentos, sin seguridad y sin apoyos.
Que llevamos más de ocho años de soportar sus mentiras y padecer
su irresponsable abandono.
“Queremos aprovechar la ventana que nos da el Mundial para decir
que contra lo que diga la presidenta, México es un país violento.
Que todos los días hay asesinatos, desapariciones forzosas,
feminicidios y secuestros.
“Que las madres buscadoras sufren doblemente porque han perdido
a sus hijos y porque ellas no existen para los gobiernos de Morena
que las han ignorado por casi ocho años. Eso es lo que queremos
decirle al mundo”.
Al otro lado de la ventana por la que se asomarán los inconformes,
los escucharán 6 mil millones de seres humanos que son los que
verán la inauguración y el partido México-Sudáfrica. Una ventana
como no hay otra en el planeta.
La única que no los verá ni escuchará será la presidenta que no
asistirá al evento.
La valiente mujer que se ha enfrentado a Trump con “la cabeza fría”
y que prometió entregar su alma, su conocimiento, su esfuerzo y su
amor al pueblo en defensa de la soberanía nacional, tiene pánico al
abucheo que se quedarán con las ganas de soltarle casi 100 mil
espectadores.
Qué lástima que no esté ni a la altura de un Mundial.
Pero en fin… Dentro de unos minutos comenzará a rodar el balón en
un estadio repleto y asediado que estará en los ojos de 6 mil
millones de seres humanos. Estoy hablando lector de tres cuartas
partes del planeta.
Dios quiera y nada se salga de control.
bernagup28@gmail.com
