Desde el Café
Bernardo Gutiérrez Parra
Antes de 1936 la revista Literary Digest dominaba las encuestas en
Estados Unidos, entre otras cosas porque era la única que se
dedicaba a hacerlas. Sus trabajos eran confiables y aceptados por
millones de estadounidenses hasta ese año en que falló de manera
estrepitosa al predecir la derrota de Franklin D. Roosevelt. Y se fue
tan a pique que en 1938 desapareció.
En ese 1936, el estadístico George Gallup utilizó un método de
muestreo científico para predecir con exactitud la victoria
presidencial de Roosevelt, demostrando que una muestra
representativa era más precisa que los sondeos masivos que hacía
Literary Digest. Su muestra fue de solo 50 mil personas y acertó en
el resultado.
Gallup ya no se dedica a encuestar a quienes quieren ser presidentes,
en la actualidad mide el comportamiento de las personas en
aproximadamente 140 países. Pero en su lugar hay encuestadoras
como la de The New York Times o The Washington Post entre
decenas, que nacieron con la misma idea de Gallup: ser las más
confiables y por lo tanto las más rentables y solicitadas entre una
variada clientela que va desde rocks star hasta los políticos.
En aquel lado del Bravo no existen encuestadoras “patito” por varias
razones, entre otras: porque los políticos las abominan, los votantes
las repelen y por consiguiente nadie les hace caso.
Pero en México son las estrellas del espectáculo.
Mientras allá la credibilidad es la base fundamental de las casas
encuestadoras, en este México nuestro lo que importa es la lana. Ya
podrá un sujeto o sujeta ser el más despreciado y rechazado por
ladrón y corrupto, que unos cuantos cientos de miles de pesos a una
encuestadora harán el milagro de colocarlo arriba en las preferencias
e incluso hacerlo el más guapo.
Si en la elección por la gubernatura del 2025 en más de una ocasión
Zenyazen Escobar punteó en los sondeos para suceder a su cuate del
alma Cuitláhuac García, que no te extrañe lector si ves a Eric
Cisneros encabezando las preferencias electorales para la diputación
local por el distrito de Coatepec. O a Dorheny García Cayetano
como segura ganadora de la diputación por Xalapa.
Pero si te has dado cuenta, ninguno o casi ninguno de los sujetos y
sujetas que recurren a esas encuestadoras ha logrado su propósito.
De hecho, algunos ni siquiera pintan el día de la elección, lo que
quiere decir que esas encuestas no inciden en el votante de la manera
en que desea el cliente.
Uno a los que ya no le doran la píldora es al senador de Morena,
Manuel Huerta Ladrón de Guevara, que en una encuesta reciente
salió arriba de los precandidatos y precandidatas no sólo de su
partido sino de toda la oposición, rumbo a la gubernatura en el 2030.
Manuel no se fue con la finta y dijo que en algunos casos las
encuestas son instrumentos de manipulación. “Yo siempre dije: son
metodologías muy débiles, ni siquiera se ven. La gente debe ver bien
la metodología, yo he aprendido un poquito, ya ven que hasta gané
una (encuesta), la de a de veras. Entonces, hay que preguntarse
quién las paga, porque yo veo mucha locura”.
¿Pagó el senador esa encuesta? Por Dios, claro que no. Pero tiene
razón cuando dice que ve “mucha locura” porque para el 2030 falta
la friolera de tres años y medio y muchas cosas pueden pasar. Entre
otras, que la mitad de los precandidatos de hoy ya no aparezcan en
las encuestas de mañana.
Ojo, no todas las casas encuestadoras del país son patito o chafas.
Las hay muy respetables y confiables, tanto que no se atreverían a
vaticinar quién será el candidato al gobierno de Veracruz (y menos
el gobernador) con tanta anticipación, so pena de perder su
credibilidad.
Pero a partir de hoy y hasta un día antes de la elección del 2030,
pulularán como moscas en basurero las encuestadoras patito que
fueron creadas para levantar el ego del cliente, sacarle unos cuantos
cientos de miles de pesos y engañar a tarugos.
El problema para ellas es que gracias a Dios, ya no hay muchos
tarugos a quienes engañar. Se están acabando los que había.
bernagup28@gmail.com
