DE PRIMERA MANO
El CDE estrena directiva y pierde cuadros valiosos
Por Omar Zúñiga
Con 30 diputaciones locales y 19 federales en juego en 2027, la oposición
veracruzana se da el lujo de fracturarse desde adentro
La toma de protesta oficial del nuevo Comité Directivo Estatal del PAN en Veracruz
tuvo todo lo que un acto partidista de esta naturaleza debe tener, discursos de
unidad, aplausos de compromiso y fotografías para el archivo.
Lo que no pudo disimular, por más que el protocolo lo intentara, fue el peso de lo
que ocurría fuera del encuadre: un grupo de militantes con décadas de militancia
blanquiazul que ya tiene un pie en la puerta y el otro, según fuentes confiables, a
punto de seguirlo.
Los llamados panistas «químicamente puros» —militantes de formación doctrinaria,
no de conveniencia electoral— no han abandonado aún el partido, pero su salida
se describe en los pasillos del edifcio de la calle Zamora como inminente.
Su argumento es tan claro como incómodo para la nueva dirigencia, el grupo que
acompaña a Ana Ledezma no llegó al comité para construir partido sino para
posicionarse de cara al reparto de plurinominales.
El señalamiento no es menor.
En la lógica de quienes la formulan, la presidencia del comité estatal no es un fin
político sino un instrumento, quien controla la estructura, negocia los lugares en
las listas y para negociar listas se necesitan votos y para obtener votos, se
necesitan precisamente los militantes que hoy están a punro de firmar su renuncia.
La paradoja es tan evidente que merece subrayarse; el grupo que tomó el control
del partido necesita, para legitimarse ante la dirigencia nacional y para aspirar a
los cargos de representación proporcional, el respaldo numérico de los mismos
militantes a quienes su arribo al poder ha empujado hacia la salida.
En otras palabras, los «puros» son, simultáneamente, los principales críticos de la
nueva dirección y su principal activo electoral.
Una tensión que el blanquiazul veracruzano, en su generosa historia de
contradicciones, rara vez ha sabido resolver.
Todo esto ocurre con un reloj electoral que no se detiene.
En 2027, Veracruz pone en juego 30 diputaciones locales y 19 federales de
elección directa, el mapa es amplio; la oportunidad, real; Morena no llega a ese
proceso en su mejor momento de cohesión interna, y la oposición —si actuara
como tal— tendría razones fundadas para competir con expectativas.
Pero actuar como oposición requiere, entre otras cosas elementales, presentarse
unida, con estructura territorial operativa, con militantes motivados y con una
dirigencia cuya legitimidad no esté en entredicho desde el primer día de funciones.
El PAN veracruzano, en este momento, no cumple ninguna de esas condiciones.
Una desbandada de cuadros con arraigo territorial, con liderazgo en sus
municipios y con credibilidad ante el electorado no panista —que es, en última
instancia, el electorado que define elecciones— no es un dato menor que pueda
compensarse con comunicados de unidad o con actos protocolarios bien
fotografiados.
Cada militante con trayectoria que abandona el partido se lleva consigo una red de
contactos, una historia de trabajo y, con frecuencia, una porción del voto
moderado que el PAN necesita para ser competitivo más allá de su base dura.
Todo suma.
El momento político nacional exigía, precisamente ahora, una oposición más
articulada que nunca; la ciudadanía que no se identifica con el proyecto
hegemónico requiere espacios creíbles de representación alternativa.
El PAN tendría, en teoría, la infraestructura y la historia para ser uno de esos
espacios, en la práctica, ha elegido —una vez más y con aparente entusiasmo—
el camino de la autofagia, distraerse en el reparto interno mientras el calendario
electoral avanza y la ventana de oportunidad se estrecha.
La pregunta que nadie en la nueva directiva parece estar haciéndose es si habrá
suficiente partido en pie cuando llegue el momento de salir a ganar votos.
Ledezma preside, el Chapito ocupa la secretaría general, el Choriqueso opera
desde la comodidad del anonimato y los panistas de convicción hacen las maletas.
Mientras tanto, 30 distritos locales y 19 federales esperan candidatos, propuestas
y estructura.
El PAN veracruzano, fiel a su vocación reciente, parece decidido a llegar a esa cita
como llegó a ésta: dividido, desconfiado de sí mismo y con la mirada puesta en las
listas de representación proporcional en lugar de en las urnas. Morena, por si
alguien lo dudaba, toma nota.
¡Qué barbaridad!
deprimera.mano2020@gmail.com
